 COMO LA CIGARRA
De María Elena Walsh
Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aqui
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando...
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.
Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
"Como la cigarra", 1972
 esta es una foto de una de las calles antiguas de mi ciudad, besos
APRENDERAS
Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de tu vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de la distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian. Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar de su compañía.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la ultima vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tiene la influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queremos imitarlos para mejorar. Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y si no lo sabes cualquier lugar sirve. Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias. Aprenderás que la paciencia requiere mucha practica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene mas que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho mas de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da derecho a ser cruel. Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo.
No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad con la que juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores.
Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.
Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla !!!
de William Shakespeare
" El Dolor que más duele"
Apretarse el dedo con una puerta duele.
Golpearse la cara contra el piso duele.
Doblarse el tobillo duele.
Una paliza, una bofetada, un puntapié duelen.
Duele golpearse la cabeza con la punta de la mesa,
Duele morderse la lengua, duelen los cólicos,
las caries y las piedras en los riñores.
Pero lo que más duele es extrañar...
Extrañar a un hermano que vive lejos.
Extrañar una cascada de la infancia.
el gusto de una fruta que no se encuentra más.
Se extraña al Padre que ya murió.
Extrañar a un amigo imaginario que nunca existió.
Extrañar la ciudad.
Extrañar uno mismo, que el tiempo no perdona.
Duelen todas esas melancolías.
Pero la melancolía más dolorosa
es la de quien ama...
Extrañar la piel, el olor, los besos.
Extrañar la presencia,
y hasta la ausencia consentida.
Podías estar en el comedor y él en el dormitorio,
sin verse, pero se sabían allí.
Podías ir para la oficina
Y él para el dentista, pero se sabían dónde.
Podías estar el día sin verlo,
él, el día sin verte,
más sabían que había mañana.
Pero cuando el amor de uno acaba,
al otro le sobra la melancolía que
nadie sabe como detener.
Extrañar es no saber.
No saber más si él continúa engripandose en invierno.
No saber más si ella contínúa tiñiendose el pelo de rubio.
No saber si él todavía usa la camisa que le regalastes.
si ella continúa prefiriendo Pepsi,
Si él continúa sonriendo,
si ella continúa bailando,
si él continúa haciendo yoga,
si ella continúa amándolo.
Extrañar es no saber.
No saber que hacer con los días que son largos,
no saber como encontrar tareas que paren los pensamientos,
no saber cómo frenar las lágrimas con una canción,
no saber como vencer el dolor
de un silencio que nada satisface.
Extrañar es no querer saber si él está con otra,
y al mismo tiempo querer.
Es no querer saber si él está feliz,
y al mismo tiempo querer.
Y no querer saber si él está más flaco,
si ella está más linda.
Extrañar es nunca más saber
de quien se ama, y así mismo, doler.
Extrañar al gran amor
y no poder volver a empezar
Porque tanto extrañás
¡Que no te das por vencido!!!
Esperás que un timbre
te traiga rosas rojas
y ...su amada persona
atrás...!!!
Extrañás por que seguís amando
y eso no lo cura ni el tiempo.
AMO y es para siempre
HOLAAAAAAA, VOLVI!!!!! ESTABA ENFERMITA, SUPER ENGRIPADA
EXTRAÑÉ MUCHO LEERLOS, BESITOS A TODOS
El Dolor No Deforma... Transforma
Valió la pena, sufrir dolores de parto,
cuando al final se sostiene entre
las manos una nueva vida
que el existir de la Madre ha transformado...
Y el dolor que se experimenta en
las pequeñas caídas,
cuando se dan los primeros pasos,
se convierte en triunfo,
al lograr afianzar el caminar, luego poder correr,
y quizás hasta en sueños volar...
Un fracaso, asumido con madurez,
puede en un principio doler;
pero al superarlo, el alma se logra fortalecer;
y más valiente se hace el ser humano,
ante cualquier reto que se le presente
o ante los diferentes momentos
que en su vida pueda tener...
Los padres que tienen un hijo especial,
desde un primer momento,
es tan grande el dolor que pueden llegar a pensar,
que se sienten frustrados y no lo podrán superar;
pero con el tiempo y asumido desde la fe,
ese ser que en un principio causó dolor,
se llegará a convertir en el más grande amor,
y les enseñará a descubrir lo que realmente en la vida tiene valor...
El perder un ser querido, deja el corazón destruido...
hasta que se logra ver la muerte
desde los ojos de Dios,
y se transforma en esperanza el dolor;
esta tristeza que deja el vacío,
nos enseña a valorar a quienes a
nuestro lado han quedado,
y que también son seres amados...
Si llegas a sentir hambre,
aprendes a valorar el pan que comes cada día...
Si superas una enfermedad, vives más
intensamente la vida;
si pierdes un amor por un error;
te esfuerzas por dar de ahora en
adelante, de ti lo mejor...
Así es el DOLOR, te hace fuerte,
TRANSFORMA EL CORAZÓN...
Es necesario asumirlo desde la fe, porque así,
aunque sea demasiado fuerte ese dolor,
NO TE DETIENE,
te enseña a ver el mundo con otros ojos,
y te ayuda a vivir mucho mejor...
Si careces de algo, valoras más lo que tienes...
Si sufres por alguien, llegas a amarlo más...
Si escoges el camino difícil, te haces más fuerte.
Si experimentas de cerca la muerte,
aprendes a amar más la vida...
Si caes, adquieres destreza en levantarte...
EL DOLOR NO DEFORMA,
SINO QUE TRANSFORMA...
Hay quienes se quejan del dolor y el sufrimiento;
y otros que se van al extremo,
les gusta ser masoquistas y quedarse en ello...
El dolor no es un castigo, tampoco un estilo de vida;
no se trata de renunciar a vivir,
ni de estancarse en él,
para decir que se ha de sufrir...
El dolor es un verbo más que se
conjuga en el ser humano,
pero que debe ser asumido en paz,
enfrentarlo como un reto o como ese
peldaño, que al superarlo,
te hace fuerte, te enseña a valorar lo que tienes,
te asemeja a Aquel que por Amor,
su vida entregó e hizo del dolor, Redención...
El dolor no deforma, transforma...
es una gran verdad...
y eso lo sustentan, quienes al sufrir,
sienten que han crecido y
se han fortalecido aún más...
aquello que alguna vez te hace sufrir,
al superarlo,
te hará feliz de verdad;
te enseñará a ver la vida con nuevos ojos,
y podrás experimentar en tu corazón una gran paz,
que se hará presente en cualquier
momento que vivas,
ya sea al reír o al llorar...
Todo esto define, esa gran verdad:
EL DOLOR NO DEFORMA, TRANSFORMA
¡CON DOLOR SE NACE...PERO DIOS TE AMA!,
¡CON DOLOR SE CRECE... PERO DIOS TE CALMA!
¡CON DOLOR SE MUERE...PERO DIOS TE ESPERA!
EL REINO DE LA INOCENCIA
Cuando uno mira a los ojos de un niño, lo primero que llama la
atención es su inocencia: su deliciosa incapacidad para mentir, para
refugiarse tras una máscara o para aparentar ser lo que no es. Sólo
el ser humano adulto es capaz de ser una cosa y fingir ser otra
diferente.
Cuando una persona mayor castiga a un niño por decir la verdad, por
revelar lo que piensa y siente, el niño aprende a disimular y
comienza a perder su inocencia.
Y no tardará en engrosar las filas
de las innumerables personas que
reconocen perplejas no saber
quiénes son, porque, habiendo ocultado
durante tanto tiempo a los
demás la verdad sobre sí mismas, acaban ocultándosela a sí mismas.
Pero hay otra manera más sutil de perder la inocencia de la
infancia: cuando el niño se contagia del deseo de ser alguien.
Contempla la multitud increíble de personas que se afanan con toda
su alma, no por llegar a ser lo que la naturaleza quiere que sean -
músicos, cocineros, mecánicos, carpinteros, jardineros, inventores
sino por llegar a ser "alguien"; por llegar a ser personas felices,
famosas, poderosas...; por llegar a ser algo que les suponga, no
mera y pacífica autorrealización, sino glorificación y
agigantamiento de su propia imagen. Nos hallamos, en este caso,
ante personas que han perdido su inocencia porque han escogido no
ser ellas mismas, sino destacar y darse importancia, aunque no sea
más que a sus propios ojos.
Existe además otro modo de corromper la inocencia de la infancia por
parte de los adultos, y consiste en enseñar al niño a imitar a
alguien. En el momento en que hagas del niño una copia exacta de
alguien, en ese mismo momento extingues la chispa de originalidad
con que el niño ha venido al mundo. En el momento en que optas por
ser como otra persona, por muy grande o santa que sea, en ese mismo
momento destruyes tu propio ser.
No deja de ser triste pensar en la chispa divina de singularidad que
hay en tu interior y que ha quedado sepultada por capas y más capas
de miedo. Miedo a ser ridiculizado o rechazado si en algún momento
te atreves a ser tú mismo y te niegas a adaptar mecánicamente a la
de los demás tu forma de vestir, de obrar, de pensar... Y observa
cómo es precisamente eso lo que haces: adaptarte, no sólo por lo que
se refiere a tus acciones y pensamientos, sino incluso en lo que
respecta a tus reacciones, emociones, actitudes y valores.
De hecho, no te atreves a recuperar
tu inocencia original.
Ése es el precio que tienes que pagar para conseguir el pasaporte de
la aceptación por parte de tu sociedad o de la organización en la
que te mueves. Y así es como entras irremediablemente en el mundo
de la insinceridad y del control y te ves exiliado del reino propio
de la inocencia de la infancia.
Y una última y sutilísima forma de destruir tu inocencia consiste en
competir y compararte con los demás, con lo cual canjeas tu ingenua
sencillez por la ambición de ser tan bueno o incluso mejor que otra
persona determinada. Fíjate bien: la razón por la que el niño es
capaz de preservar su inocencia y vivir como el resto de la
creación, es porque no ha sido absorbido por lo que llamamos
el "mundo", esa región de oscuridad habitada por adultos que emplean
sus vidas, no en vivir, sino en buscar el aplauso y la admiración:
no en ser pacíficamente ellos mismos, sino en compararse y competir
neuróticamente, afanándose por conseguir algo tan vacío como el
éxito y la fama, aún cuando esto sólo pueda obtenerse a costa de
derrotar, humillar y destruir al prójimo.
Si te permitieras sentir realmente el dolor de este verdadero
infierno en la tierra, tal vez te sublevarías interiormente y
experimentarías una repugnancia tan intensa que haría que se
rompieran las cadenas de dependencia y de engaño que se han formado
en torno a tu alma, y podrías escapar al reino de la inocencia,
donde habitan los místicos y los niños.
Fíjate en tu vida diaria. ¿Hay en ella un solo pensamiento, palabra
o acción que no estén corrompidos por el deseo de ser alguien, aun
cuando sólo pretendas ser un santo desconocido para todos, menos
para ti mismo?
¿Cuánto de la inocencia de tu infancia conservas todavía? ¿Existe
alguien hoy en cuya presencia puedas ser simple y totalmente tu
mismo, tan indefensamente sincero e inocente como un niño?
DIOS LOS BENDIGA
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