 Siempre quise un patio más grande, con más pasto, con un establo tamaño medio y una vaca, una vaca gorda y bien lechera, que todas las mañanas me dijera lo mucho que me quería y me regalara todo su amor y cariño en una barra de mantequilla. Quería una vaca, yo tener, sí, yo tener porque suena más lindo... una vaca yo tener quería para comprarle una enorme campana, que tintineara al compás de su enorme cabeza de orejas pequeñas, cada vez que el viento hiciera volar sus pestañas vacunas, sí, sólo así yo sabría que siempre está ahí, esperando el kilo de pasto, esperando la pala y la bolsa para su caca sin fondo, donde se me perdían las zapatillas, llenas de cowshit, llenas de esa cowshit que con orgullo le mostraba a mi pueblo. Le compraría un arnés tamaño familiar con una enorme correa y la llevaría al centro, a pasear por la vida y contarle que sin ella tendría artritis. Le sobaría sus cuatro estómagos y le diría como consuelo, que su gordura es mi felicidad. Seríamos las mejores amigas y yo aprendería a hablar en mú, a conocer sus más profundos secretos lácteos y su vida enteramente galáctica. Le enseñaría a pararse en dos patas y a bailar tango, le contaría que su vida estará siempre llena de leche, yogur y chocolates. Sería la dicha más grande tener una vaca, el sueño eterno de cualquier ser humano, una vaca, mi vaca. Porque la vida no se trata de escribir un libro y plantar un árbol... la vida se traduce en que no puedes morir sin antes tener una vaca.
 No hay futuro.
No hay tele, no hay futuro ni hay radio, no hay portadas titulares ni diarios, ni viejas locas en la tele ni viejos cachondos que miran mekano, pero mekano tampoco existe, no hay mekano, por decir algo. No hay caras largas ni tampoco pancartas frente a cualquier institución gubernamental, no hay caballeros calvos en la institución gubernamental donde los baños apestan. No hay estadios, no hay barristas y no hay rayados porque tampoco hay murallas, pero sí hay canchas, arcos y todos tienen pelotas. No hay protesta ni sentimiento de culpa, tampoco hay toma tampoco hay paro.. la gente estudia, sí, estudia mucho pero no hay libros. No hay libros porque nadie lee más que los nombres de las calles, las advertencias de artículo nº qué te importa, ley de tránsito, ¿a alguien le interesa? No hay matinales ni existe farándula, no hay luna y tampoco estrellas, no preguntes por los satélites. No hay colegios, nadie quiere ir, ni los hijos de los hijos que la condenadas caninas trajeron al mundo. No hay baños porque la gente se caga en el resto. No hay comida porque es ley comerse unos con otros. No hay nombres porque todos son iguales. No me preguntes por los puchos, que ya me los fumé todos. No preguntes si la gente aún se abraza, si la gente todavía habla, si aún existen los sueños y no menciones la extraña palabra sentimiento.
 Todos los días, por la mañana... le recoge la caca al perro y toma una ducha. Si las viejas no lavan tanto a esa hora, la ducha será un poco más agradable. Se perfuma, talconea, se encrema y se estuca, se peina y encrespa sus pestañitas de chancho. Desayuna lo mismo de siempre, pan con mermelada y mantequilla, un tazón de leche con chocolate y el cigarro mañanero en el patio. Toma la bicicleta y va a comprar porotos, se encuentra con la carepapa que siempre tiene la copucha y le cuenta hueás que a ella ni le importan porque siempre anda apurada, la carepapa le dice que vaya a su casa a tomar mate con leche. Siempre le dice lo mismo pero ella nunca se detiene a pensar si ese día del mate con leche llegará algún día... al fin y al cabo ni le importa, no le gusta el mate y tampoco tiene tiempo para escuchar a la mujercita más metiche y depilada de lengua del vecindario.
Sabe que algún día terminarán odiándola por aislarse tanto de la comunidad, pero nunca se olvida en las navidades de la tarjetita y el año nuevo con el abrazo... eso nunca falla, siempre te van a querer si los saludas y te haces íntima en esas festividades tan inventadas. Posteriormente pasa al boliche de la Chochi y compra una cajetilla de la más barata, si la cosa es fumar y nada más... qué importa si es huano prensado con alquitrán... el daño es el mismo y el placer igual. No, hoy no será día de comer porotos porque anda con la juana y los porotos le hinchan un kilo su vientre huesudo. La carepapa siempre le dice que se tome una agüita de toronjil con matico, manzanilla, boldo, menta y que haga una oración por el agüita de hierba y se irá el dolor. Ella prefiere sentarse en la cama a ver películas arrendadas y comer chocolate de cobertura. Es un buen remedio. Vuelve a la casa y prende una olla con medio litro de agua, que hierve... la sal, el aceite y los tallarines. Cambia las flores del jarrón y cada dos minutos tira un tallarín contra la pared para ver si se pega.
Prende la tele, ve las noticias, se enoja con la gente, le pega al control que se le acabó la pila y después vuelve a tirar otro tallarín que al fin, se pega. La bandeja con galletas de agua, los tallarines, un vaso de piri cola y una jalea, de nuevo a la tele... la novela, no le gusta, la apaga. Come en silencio y pensando... pensando, quizás, que los tallarines están pulentos pero les falta mayo. Después se ríe sola por las huebadas en las que piensa. Prende la radio y no la pesca, prefiere llamar a la carepapa y preguntarle si puede tomar mate con ella, pero sin leche. La carepapa no está, salió con una prima a un cumpleaños. De puras viejas... piensa, de puras viejas que toman el té con sacarina pero se mandan el patache de pan con chancho.
Ella siente que es tan raro estar así de sola, en un barrio lleno de fósiles y pendejos buenos pal luche... pero le gusta, le gusta sentarse a leer el diario sin comprenderlo al propio, le aterra darse cuenta que allá afuera... lejos de ese barrio de mierda hay otras cosas además de tallarines y los porotos
 Tengo ganas de llorar, de llorar por nada, de inventar en mi cabeza que todo se fue por la borda y que nada me resulta bien. Pero todo está bien, todo está perfecto, tan tranquilo como una tacita de chocolate caliente y malvaviscos, así de gringo y absurdo, así de nevado e invernal. Tengo el cráneo dentro de agua congelada y por ahora no pienso en nada, en nada más que los recuerdos, porque si hay algo que jamás se borra son los eternos recuerdos. Por eso odio el título de "el eterno resplandor de una mente sin recuerdos", aún cuando quiera verla, la amnesia no existe... es inventada y creída, porque los recuerdos y lo esencial de la vida sigue ahí, intacto, perplejo y pegado como un dedo lleno de lo que la gotita pega pega, nada nada lo despega. Me siento idiota escribiendo esto, pero me encanta contradecir las tonterías que afirman aquellos que juran conocer todo lo que respecta a los dolores y sanaciones de seres humanos... porque todo está en el cerebro, todo funciona por los choques eléctricos entre las dendritas y el axón y esas mierdas que nunca me importaron cuando tenía biología, porque sólo fueron un dolor de apéndice. ¿Acaso sabes lo que tienes entre el cuello y las bubis? Un corazón, sí... un corazón palpitante y ventricular que bombea tu vida entera en pulsos etarios.
Y la duda es dónde se me quedó el alma... podría ser que estuviera en mis pies...porque cuando camino siento que cada pie delante del otro y luego atrás y delante del otro que estaba atrás, marca un caminito de mapa hasta llegar a la X, que corresponde entonces al tesoro más preciado que busca el alma que estaba en mis pies. Puede ser que esté en mis labios, pues no hay palabra que pronuncie y que provenga de razonamientos varios... nunca pienso algo antes de decirlo. Tal vez está en mi panza, que se mueve cada vez que estoy nerviosa, feliz, triste, idiota, enojada... mi alma se infla y se desinfla. Pero lo más probable es que esté equivocada, pues dentro de mí nunca hubo lugar para mi alma... en ninguna enciclopedia del cuerpo humano hay una figura humana con espacio alguno, todo lleno de venas, músculos, esqueletos, órganos, tejidos, piel, pulgas... no hay espacio. Supongo entonces que mi alma vuela sobre mi cráneo y tiene gran poder sobre él, porque nunca le hago caso a lo que dice la glándula del pensamiento racional, jamás me doy el tiempo de explorar las cavidades craneanas expertas en eliminar al señor absurdo y la señora imaginaria. Mi mamá se llama alma, pero ahí no está la respuesta, porque antes de nacer yo ya tenía una y ella no lo sabía... es sólo que... esta es otra de esas cosas que nunca sabré, otra de esas cosas que siempre quedan inconclusas...
 Llegó tu hora querido, la hora en que los cielos son sólo para ti y el sol se despide... para concluir que ya se nos fue un nuevo día. Tu mente rebobina recuerdos, de hoy quizás, de hace años tal vez.
Hay algo dibujando un cielo que pone tu rostro amarillo y las nubes trazan algo que sólo tú podrías descifrar... porque tu mente es más poderosa a esa hora, cuando no es de noche ni de día, cuando no hay sol ni luna, cuando el ambiente no es ni más cálido, ni más frío. Y a esa misma hora, las cosas que me cuentas tienen otro sentido.
Me gustaría eternizar ese pequeño momento, donde tus pequeños ojitos y tu carita de luna me miran distinto.
Algún día querido, algún día nos subiremos a una escalerita a mirar esa hora, esa hora que tanto te gusta.
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