 un
dos
tres
cuatro
cinco
seis
siete
nada
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 La sensibilidad no se construye sobre
una palabra; toda construcción converge en la perfección que aburre,
idea estancada de una dorada ciénaga, relativo producto humano. La obra
de arte no debe ser la belleza en sí misma, o está muerta; ni alegre
ni triste, ni clara ni oscura, regocijar o maltratar a las individualidades
sirviéndoles pasteles de las aureolas santas o los sudores de una
carrera arqueada a través de las atmósferas. Una obra de arte jamás es
bella, por decreto, objetivamente, para todos.
La crítica es por lo tanto inútil, no existe más que subjetivamente,
para cada un, y sin el menor carácter de generalidad. ¿O acaso se
ha hallado la base psíquica común a toda la humanidad? Quedan,
bajo las alas anchas y benévolas del intento apocalíptico: el
excremento, los animales, las jornadas. ¿Cómo es que se quiere
ordenar el caos que constituye esa infinita informe variación:
el hombre? El principio "ama a tu prójimo"; es una hipocresía.
"Conócete"; es una utopía, pero más aceptable pues hay un contenido
de maldad en ella. Ninguna piedad. Luego de la matanza nos queda
la esperanza de una humanidad pacificada.
 Orden = desorden; yo = no yo; afirmación = negación: resplandores
supremos de un arte absoluto. Absoluto en pureza de caos cósmico
y ordenado, eterno en el glóbulo segundo sin duración, sin
respiración, sin luz, sin control.
shit, shot, shut, shoot. bang bang !
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