
normal. No soy una mujer a quien las cosas le fueron difíciles en la vida, nunca me tocó
sufrir problemas de dinero, ni problemas de divorcios de padres, ni problemas escolares,
digamos que siempre tuve una vida lo suficientemente calma como para aburrirme hasta
límites insospechados. Lo cual no quiere decir que haya tenido una vida perfecta: muy
por el contrario: creo que tanto aburrimiento y tanto ?no pasa naranja? me llevaron a
angustiarme por la nada misma. Bueno, tendría que tener un par de charlas más con
Néstor2 que es quien verdaderamente sabe de qué color es el repollo.
El tema es que en vez de jugar a las Barbies yo leía cuentos. Infantiles y no
tanto. Recuerdo tomar los libros que mis padres dejaban olvidados encima de mesas o
pianos. Pero por sobre todas las cosas: no tenía amigas. Literalmente y no estoy
exagerando, no tenía una puta amiga. Siempre fui demasiado buena, creo que ese fue mi
problema. Lo que decían de mí me afectaba absolutamente demasiado y, seamos
sinceros, los comentarios de los infantes pueden ser muy destructivos. Sobretodo si
tenés doce años y pesas 64 kilos.
Sí. 64 kilos. Medía poco más que un ficus enano y ya pesaba más que mi viejo.
Era escandalosamente gorda. Abominable. Bueno, no tanto, pero esa imagen pensaba
YO que los DEMÁS tenían de mí. Hasta hace poco creí que mi imagen personal era
buena, que mi autoestima era elevada y reposaba en límites correctos o esperados. Pero
después me di cuenta de que no era que no tenía amigas porque era gorda: sino que era gorda porque no tenía amigas. Espero que se entienda. Es decir, no me gusta explicar
mucho todo. Soy más de tirar y esperar a que se entienda, pero como recién estamos
empezando, prefiero explicar, solo por las dudas. En realidad yo no me veía mal, pero sí
me sentía mal entonces todo lo que hacía era COMER. Mis compañeras del colegio
jugaban a la soga y yo comía, mis compañeros jugaban fútbol y yo comía, ellos eran
perfectos alumnos y yo comía.

nada solo perfection ♥ hoy carrera ehhhh ♥