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Mírame.
De noche. A oscuras.
Que sabes de sobra que ningunos ojos me han mirado como tú lo haces.
O quizás es que yo no me he dejado. Hasta ahora. Hasta que llegaste.
Tú y tus rincones. Tus más profundo recovecos. Tus cosquillas.
La búsqueda del tesoro.
Así que mírame. Y prométeme... (pero en serio)
Prométeme que nunca dejarás de mirarme así.
Con esos ojos. Con ese azul inmensidad.
Y ahógame.
Quiero que el mar me penetre hasta los pulmones.
Pero no te quedes parado y sálvame.
Sálvame como lo hiciste aquel día a la luz de la luna. Nada y rescátame.
Hazme el boca a boca entre estas cuatro puertas. En nuestros callejones.
Devuélveme la vida... pero haz que me falte el aire.
Que me cueste respirar entre tanto vaho que nos rodea.
Para. Y dame un segundo. Sólo uno.
Que no necesito más para poder coger un poco de aire y continuar.
Y me muevo. Me retuerzo. Pero me falta espacio. Tropiezo.
Creo que llegó la hora de deshacerse de los grilletes de los tobillos.
Fíjate en mí. Y haz tú lo mismo.
Ya somos libres para correr. Aunque lo que yo quiero es abrazarte.
Mucho. Muy fuerte. Hasta que mis uñas dejen marca sobre tu piel.
Y que me saques este frío que me llega hasta los huesos.
Y no me digas que no. Porque a estas alturas no atiendo a razones.
Ni las mías. Ni las tuyas.
Maldita inconsciencia.
Lo sé.
Pero...
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Me quedo frente a ti,
con las palabras intactas y la sonrisa enganchada mientras intento disimular mi yo lleno de tu imagen.
En el silencio que a ratos se derrama sobre la mesa me sorprendo recorriendo con los ojos los rincones de tus manos.
Y me siento pequeña e ingenua
intentando desentrañar sus formas ocultas,
buscando en sus movimientos una pista que pueda ayudarme a interpretar las señales que emiten.
Y me tropiezo con mi memoria,
que se va llenando de instantes en los que tus manos con sus colores, caminos y atajos van trazando el mapa complejo de mi cuerpo
que todavía tiene rincones escondidos que te esperan.
Y estoy justo aquí,
a tu lado,
inundada de esos ojos
que comienzan a erguirse para disparar esa mirada que espanta mis miedos,
que acaba con mis monstruos,
y a través de la cual,
creo haber sido descubierta teniendo estos pensamientos sin sentido.
Poco a poco,
recibo el baile de tus manos que se despliegan ante mí,
al ritmo requerido por el juego del malabarismo.
Pequeña a tu lado,
sumergida en el vaho que sale de tu boca,
intento colgar mi voz en mi garganta para decirte,
para contarte,
para intentar pronunciar todas las palabras que tus manos han provocado en mi,
y que yo,
como siempre,
he depositado secretamente dentro,
para hacer de esta historia un cuento entre tú y yo.
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Pentagramas en el cielo,
donde se ahorcan los pensamientos que discurren a deshora.
Por donde miles de bichitos disfrazados de colores juegan a hacer irrepetible un segundo en el tiempo.
Y entre apuntes, letras, y el humo que sale de mi cabeza,
me teletransporto a paraísos...
... con sólo cerrar los ojos.
... con sólo tocar tu mano.
Recuerda que todas las esquinas son nuestras, cada calle, cada carcajada que vuela cuando una mirada indiscreta descubre nuestro secreto.
Lograré retratar tus pupilas cuando al contacto con las mías sonrían sin que tú lo sepas.
Porque las miradas sonríen.
Y mientras tus pupilas sonrían todo será
perfecto.
¿Te cuento un secreto?
Quiero ver la sonrisa de tu mirada
a media noche,
a oscuras.
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Partículas invisibles se desplazan hacia mis oídos.
Infinitas partículas que reflejan tus palabras.
Palabras que se enredan en unas manos nerviosas,
una mirada esquiva que no espera nada,
que no sabe que esperar...
La fuerza que quiero darte con mis manos,
sale de un corazón loco que controlas con tu sonrisa.
Todo se vuelve gris si no hay una palabra que me haga saber que me buscas siempre entre la gente.
Me río.
Como en las películas, esa risa de corazón, la que duele en todas las partes del cuerpo menos en el alma.
Y pienso que será siempre así...
Partículas movilizando mis células, nervios y tejidos a tu ritmo.
Y me gusta.
Y me río.
Otra vez.
Cómo explicarte
que la gran felicidad se halla en las pequeñas cosas que te muestra la vida.
... en besarte sentada en tus rodillas...
... en contemplar el cielo...
Que por mucho que llueva, su verdadero color es el azul...
... como el de tus ojos.
Contigo me deshago del tiempo.
Y me he dado cuenta de que los mejores momentos están fuera de cualquier minuto.
¿Te fijaste cómo estaba el cielo hoy?
(A esas pequeñas cosas me refiero. Lo demás, no importa.)
![[...]](http://spe.fotologs.net/photo/46/30/28/aloha_namaste/1199982183_f.jpg) [...]
- Mayday! Mayday!
- Nada... No nos hacen ni caso.
- Bueno pues... Yo que sé... ¿Houston? Probemos con Houston.
- ¡Houston! ¡Hoooooustoooooon! !Houston que tenemos un problema! !Houston! ¿Houston?
- No hay manera. Estamos muertos. ¡Muertoooooos!
El comandante encendió el altavoz para dirigirse a la tripulación.
- Queridos míos, vamos a morir.
/ Y los pasajeros enloquecieron /
...
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