 Supongo que será la falta de sueño o las intensas ganas de volar. Me dispongo al borde del escalón, abro mis alas. Me levanto de nuevo e inicio mi vuelo y nada, no puedo. Cojo mi equipaje y me marcho a otra parte. ¿Destino? No podría definirlo, a cambiado otra vez. Cambio de planes, deshago el equipaje. La sorpresa será para más adelante, quizá más tarde o quizá me levante y seque el sudor de nuevo. No es nada, sólo miedo, era un sueño. Asi que cojo fuerzas y me dispongo al borde del escalón, abro mis alas y si hace falta me levanto de nuevo, y vuelo...
 Podría archivar el viernes en uno de esos rincones en los que es imposible que se te olvide ni el más mínimo detalle. No sé si fue por la compañía, si fueron las copas, si por los pequeños detalles (que son los que hacen las cosas interesantes), no sé si fue por lo que escuchábamos y bailábamos a la vez, no sé si fue por el ambiente, si fue por ellos, o por ella? pero nos sentimos afortunados, sí.
 Y después de pasar hoy un día blanco, de quitar el gusanillo, de elevar la adrenalina, de comernos la nieve incluso en el sentido literal, de morirnos de frío, y de habernos reído otro cuanto... conmigo te has ganado el cielo (otra vez), ya me entiendes ;)
¡Qué alegría, qué buen día, qué bueno tenerte!
 Y ahora empieza un año más y me pongo a pensar de nuevo en los vividos. Pienso en lo vivido con ellas, con ellos, y con él. Pienso en los años que han pasado desde que lo conozco...muchos. Pienso en los cumpleaños, en los festivales, pienso en las visitas, en las fotos, en las miradas... pienso en las conversaciones que a pesar del tiempo son recordadas aunque pasen años. Pienso en los consejos que nos dábamos, en la confianza que se fue haciendo más grande, pienso en las tardes de cafés, pienso en las comidas, los ratos de estudio, los ánimos (que nunca me han faltado). Pienso en las caricias, en los besos, en las mañanas y las noches. Pienso en la música, en tu voz, en la mía... pienso en las miradas acompañadas de las sonrisas, como las de principio de este año, que merecerían miles de horas para que llegaran a su fin.
 ¿Recuerdas la primera canción que te hizo vibrar de verdad? Esa musiquilla que se metía por dentro y que te acompañaba en el momento menos indicado, que era carente de argumento y que generalmente tenía letras que no variaban en más de cinco frases. Esa canción conseguía ponerte a dar botes, a cantar con la voz en la palma de la mano,a moverte como si fuera el último baile de tu vida y murieras en el intento. Ahora vuelvo a escuchar esas canciones y me doy cuenta de que las primeras veces siempre fueron importantes...
¡vámonos que nos vamos putis!
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