 El tiempo pasaba de puntillas
para no despertarnos,
y siendo todavía unos desconocidos
pintamos un bonito sueño
una noche de verano.
Meses después,
volví a esconderme en tu cama,
enredada entre tus sábanas.
El reloj tenía envidia
de nuestras sonrisas.
Desató nuestras lenguas,
y vendió nuestro deseo
a un alma desolada.
Te cogí con fuerza,
pero ya era demasiado tarde.
Quise llevarme
las penas con las olas,
y huí con ellas,
por miedo a perder
aquello que se añora.
Y es que ya se sabe, las segundas partes (casi) nunca fueron buenas..
 Estaba demasiado perdido. Llevaba horas y horas vagando por las calles de esa ciudad a la que había llegado sin saber cómo, sin recordar cuándo. Un intenso dolor de cabeza y el amargo sabor a vino que gritaba su podrida boca le hicieron saber que la noche anterior bebió más de la cuenta.
Nadie sabía dónde pudo estar. Tal vez pasó la noche en un bar de mala muerte, o desatando su placer en un bourdel. Quizá malgastó sus segundos en el banco de la plaza principal, abrazado a su querida botella, cantándole a la luna mientras los transeúntes le observaban extrañados. Quién sabe. Su memoria no era capaz de recordar qué hizo unas horas atrás. Sólo sabía que había amanecido en una ciudad demasiado diferente a las que él conocía.
Decidió recorrer baldosa a baldosa buscando nada. La gente le evitaba en cada paso. Olía demasiado a lujuria y alcohol. No articuló ni una palabra en toda la mañana, sólo dirigía sus ojos de un lado a otro, sin perder detalle, intentando reconstruir la noche anterior.
Fue en el semáforo de la calle 32, mientras analizaba detenidamente a cada una de las personas que estaban esperando a que el muñequito verde les cediera el paso, cuando se cruzó con ella. Una mirada desconocida rompió todos sus esquemas..
 ¿Cómo empezar de nuevo?
Realmente, no lo sé,
y creo que nunca lo sabré.
Poquito a poco,
a paso de hormiga,
y con espíritu de elefante.
Borrando las nubes oscuras,
y tintando la vida
con los colores más bonitos.
Empecemos a soñar con las palabras.
Me gustan demasiado.
Si sigo imaginando,
sólo es por ellas, para ellas.
Cuando sea mayor,
recitaré lo mejor que pueda una a una,
con una voz ronca, pero dulce.
Perderé la mirada en cada horizonte
al dejar que suene mi garganta.
Y las palabras tendrán vida.
Imagen: /elnapol1
Texto: /bribriblitxa
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 Si tienes ganas de gritar,
hazlo, sin temor a perder,
que el tiempo se agota,
y los segundos van muriendo
con cada suspiro silencioso.
Pero no te marches,
aún no es tarde.
Rompe los relojes
y dispara a la razón.
Enciende la conciencia
de aquél que te quitó la vida,
y entonces estarás preparada
para quemar cada palabra
que huela a pesadilla.
Has erizado poco a poco
cada parte de mi ser.
Te siento, muy adentro.
Te espero, es el momento.
Deshazte lentamente,
escondida a la deriva.
Gota a gota,
sin venir a cuento,
sin cantar lamentos,
sin huir del viento.
S i n e x t e s i a .
Hacemos lo que se puede,
esperando que guste,
deseando que os llegue,
que os llene.
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 El tiempo paró, y dejó de avanzar. El mundo siguió rodando, bailando con la luna, volando entre nubes de plastelina. Y yo miraba anonadada, con la mente repleta de sílabas y garabatos, el corazón ansioso de latidos insonoros, y la mirada dormida entre ásperos montones de algodón de azúcar.
Volvieron los segundos, empezaron a caminar, y extendieron su mano para que fuera con ellos. Pero ignoré su propuesta, y seguí soñando entre delirios de una noche de verano, donde el tiempo no existía, cantando lamentos a la soledad, rompiendo pesadillas, riendo por no llorar.
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