 LA SALVACIÓN
Me enamoré de ti cuando llorabas
a tu novio, molido por la muerte,
y eras como la estrella del terror
que iluminaba al mundo.
Oh cuánto me arrepiento
de haber perdido aquella noche, bajo los árboles,
mientras sonaba el mar entre la niebla
y tú estabas eléctrica y llorosa
bajo la tempestad, oh cuánto me arrepiento
de haberme conformado con tu rostro,
con tu voz y tus dedos,
de no haberte excitado, de no haberte
tomado y poseído,
oh cuánto me arrepiento de no haberte
besado.
Algo más que tus ojos azules, algo más
que tu piel de canela,
algo más que tu voz enriquecida
de llamar a los muertos, algo más que el fulgor
fatídico de tu alma,
se ha encarnado en mi ser, como animal
que roe mis espaldas con sus dientes.
Fácil me hubiera sido morderte entre las flores
como a las campesinas,
darte un beso en la nuca, en las orejas,
y ponerte mi mancha en lo más hondo
de tu herida.
Pero fui delicado,
y lo que vino a ser una obsesión
habría sido apenas un vestido rasgado,
unas piernas cansadas de correr y correr
detrás del instantáneo frenesí, y el sudor
de una joven y un joven, libres ya de la muerte.
Oh agujero sin fin, por donde sale y entra
el mar interminable
oh deseo terrible que me hace oler tu olor
a muchacha lasciva y enlutada
detrás de los vestidos de todas las mujeres.
¿Por qué no fui feroz, por qué no te salvé
de lo turbio y perverso que exhalan los difuntos?
¿Por qué no te preñé como varón
aquella oscura noche de tormenta?
Gonzalo Rojas
 Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar a los niños
En los parques de juego.
Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino sí me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
"Vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días".
Blue /. Jorge Teillier
 EDIPO
Sí; la vida es mujer. Nietzsche
De adolescente que tengo un problema que me encanta:
obnubilanme las mujeres mayores,
no todas por supuesto,
pero sí las hermosas, de rostro o cuerpo
o simplemente de conmovedores gestos.
De aquel etáreo grupo fantástico
me gustaron y síguenme calentando, una que otra vecina,
las madres de mis amigos, las suegras de mis hermanos
(aunque también a veces tengo rarezas, como la de encontrarme
masturbando con mujeres más jóvenes o cercanas a mi edad
como son la raza de las cuñadas, yo que tengo cuatro,
cuatro cuñadas que no me pueden ver
pero que por esto mismo me las violo mejor,
con rabioso orgasmo de ellas inclusive).
Se sabe, hay mujeres de las que uno se enamora
por su pura voz o la forma de callarse, su forma de sentarse
o de sus movimientos lentos de pantera nocturna e insatisfecha;
¡hay mujeres de las que uno se enamora por cualquier cosa!
Maduritas mamacitas, de rostro ojos o piernas prodigiosas.
Mis imposibles son: Paloma San Basilio,
Faye Dunaway, Gloria Ana Chevesich, Jessica Lange, etc.
Pero mejor no ficcionar, sigamos en lo real:
en la intimidad, las cuarentonas son lo mejor,
mujeres de un placer tranquilo, satisfecho, sin culpa.
¡Ah, si ustedes hubieran conocido a Lucy, mi peluquera loca!
Una verdadera bruja, un hechizo de placer en la cama.
del baño a la cocina, de pie en el pasillo o bajo el parrón del patio,
en cualquier parte humedecíamos el cielo
(¡regálame tu lechecita, chico maricón!).
Fue un largo idilio, una borrachera intensa.
Hasta el día de hoy me arrepiento de haberla echado
con temor a que me pillara mi madre
haciendo de su antigua casa un lenocinio
con mujeres mayores que ella.
Se acabó la cuerda,
se me le agotaron las pilas;
groggy
hace rato ya que vengo
aguantando a un ser inanimado.
Levántate! .....
Túmbate!
Y no me canso de decirle a mi entrenador
tira la toalla.
Hector Figueroa
 Walking Around
¿existe
algo más rico
que caminar detrás
de un buen poto?
Claudio Bertoni
 Un hombre solo en una casa sola
No tiene deseos de encender el fuego
No tiene deseos de dormir o estar despierto
Un hombre solo en una casa enferma.
No tiene deseos de encender el fuego
Y no quiere oír más la palabra Futuro
El vaso de vino se ha marchitado como un magnolio
Y a él no le importa estar dormido o despierto.
La escarcha ha empañado las ventanas
Pero a él sólo le importa mirar la apagada chimenea
Sólo le gustaría tener una copa que le contara una vieja historia
A ese hombre solo en una casa sola.
Una historia como las que oía en su casa natal
Historias que no recuerda como no recuerda que aún está vivo
Ve sólo una copa vacía y una magnolia marchita
Un hombre solo en una casa enferma.
Teillier
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