¡Felicidades!
Si, ¡felicidades!, y no pongas esa cara.
Hoy no es Navidad, ni año nuevo, ni tu cumpleaños.
Hoy es un día normal, pero un día para tí.
¡Qué suerte!
¡Felicidades!, porque estás vivo, respiras, caminas, tienes hambre y alimentos con que saciarte; tienes sed y agua para beber.
Tus ojos están abiertos para recibir el brillo de mil colores.
Tus oídos registran los sonidos más variados.
Tu tacto, tu piel, experimenta el escalofrío de mil sensaciones.
¡Felicidades!
En tu interior se despierta una variedad de sentimientos, de ideas, de preguntas y de respuestas, de palabras y silencio…
¡Felicidades!
…porque vives ahora y aquí; porque tienes una familia, amigos que te aman, un hogar donde llegas cada día cansado del trabajo.
¡Felicidades!
…porque eres capaz de amar y ser amado, de gozar la paz y de darla.
¡Felicidades!
…porque poco a poco con algún sufrimiento y con alegrías, vas construyendo tu vida como persona, hijo, esposo, esposa, madre, padre, hermano, amigo… en el día a día.
¿Verdad que vale la pena que te feliciten aunque no sea un “día epecial”?
¿Pero… quieres decir que hoy no es un “día especial”?
Tienes a tu lado personas que te aman y alas que amar.
Tienes… tienes… tienes…
¿O te falta alguna cosa?
¿Te podemos felicitar o no?
¡Felicidades!
No te agobies por el mañana
Si, ¡felicidades!, vive el hoy y recuerda: vive en plenitud, sé positivo, haz el bien y no te preocupes por el mañana.
No es feliz el que hace lo que quiere, sino el que quiere lo que hace.
¡Felicidades!
Alvaro Monsivais
 LOS TRIUNFADORES
A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo
aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras,
dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase.
A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los
visionarios del futuro, o los grandes emprendedores. Por ello, tal
vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o
tecnólogo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del
progreso.
A veces el triunfador no es el negociador internacional, o el
hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante estadista que
asiste a reuniones cumbre. No es el que se afana por exportar
mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo. Porque el
triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la
justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático.
El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición
desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder.
Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero,
con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para
dimensionar las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca
alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó
calladamente en su familia y con sus amigos y los cercanos a su
alma.
Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos,
pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos,
pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros,
pero sí cartas de amor a sus hijos y el que pensó en redimir a su
país a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y
rutinario y aquel que prefirió la sombra, porque, finalmente, es tan
importante como la luz.
A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina,
ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; no hace
planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero
su vida tiene un sentido, hace planes con su familia, tiene tiempo
para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza
de la vida.
A veces el triunfador no es el pasa a la historia, sino el que hace
posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no
sólo vencer y el que de una manera apacible y decidida lucha por
hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. Es el que sabe que
aunque sólo vivirá una vez, si lo hace con maestría, con una vez le
bastará.
A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes
andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir
un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos,
no tiene correo electrónico, pero conoce y saluda a sus vecinos, no
ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio
interior y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo
construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su
propio destino.
A veces el triunfador suele ser aquel que consu cajon de bolear fue capaz
de darle estudio y carrera a sus hijos, o quien aun y cuando, todos los dias
llueva, haga sol, sople un viento helado pasa a recojer su pila de periodicos
para llevar el sustento a casa, o pinte su rostro de colores para brindar
una sonrisa a los conductores y conseguir unas monedas para su sustento,
tal vez la enfermera callada, el obrero sencillo y el campesino olvidado,
porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con
su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia.
A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar
ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació
en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada...
"En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le
preguntaron: ¿Quién es el más importante en el reino de los
cielos? Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces
dijo: Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como
niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se
humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos"
Mateo 18:1-4
Alvaro Monsivais
 El día que me rendí….
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Un día decidí rendirme…Abandoné mi trabajo, mi relación, mi espiritualidad… Quería abandonar mi vida.
Fui al bosque a tener una última conversación con Dios.
“Dios”, pregunté, “Me puedes dar una buena razón para no rendirme?”
Su respuesta me sorprendió..
“Mira a tu alrededor,” dijo. “Ves los helechos y el bambú?”
“Si”, le respondí.
“Cuando planté las semillas de helecho y bambú les di especial cuidado. Les di luz, les di agua. El helecho creció de la tierra con rapidez. Su color verde brillante cubrió la tierra. Pero nada creció de la semilla de bambú. Sin embargo, yo no abandoné el bambú.
El segundo año el helecho creció en forma más vibrante y con más plenitud.
Y de nuevo, nada apareció de la semilla de bambú, pero yo no perdí mis esperanzas en el bambú,” El dijo.
“En el año tres nada había aparecido de la semilla de bambú, pero yo no la abandonaría.
En el año cuatro, de nuevo, no había nada, pero yo no la abandonaría,” El dijo.
“Luego, en el año cinco un pequeño brote emergió de la tierra. Comparado con el helecho era pequeño e insignificante en apariencia….pero solo 6 meses mas tarde el bambú creció hasta alcanzar una altura superior a los 100 pies .
Había pasado los cinco años echando raíces. Estas raíces lo fortalecieron y le dieron lo necesario para sobrevivir.
A ninguna de mis creaciones le daría un desafío que no pudiese manejar.”
El me preguntó. “Sabias, hijo mío, que durante todo este tiempo que has estado luchando, has estado echando raíces. Yo no abandoné al bambú. Nunca te abandonaré a ti.”
“No te compares a otros,” El dijo. “El bambú tuvo otro propósito que el helecho. Sin embargo, ambos dieron belleza al bosque.”
“Tu tiempo vendrá,” Dios me dijo. “Alcanzarás grandes alturas.”
“Cuan alto creceré?” le pregunté
“Cuan alto crecerá el bambú?” Me devolvió en pregunta.
“¿Tan alto como yo pueda?” le pregunté
“Si.” El dijo. “Dadme gloria creciendo tan alto como puedas.”
Dejé el bosque y traje esta historia. Espero que estas palabras puedan ayudarte a ver que Dios jamás te abandonará.
Nunca, nunca, nunca te des por vencido.
Alvaro Monsivais
En comparación con otros siglos, nunca ha sido tan fácil vivir como
se vive hoy en el mundo occidental. Actualmente somos bombardeados
con toda clase de entretenimiento, diversiones y la complacencia de
todos nuestros gustos personales. Hoy en día con todos los
fascinantes entretenimientos de los que estamos rodeados, lo
cautivador de los medios informativos y todas las cosas nuevas que
existen para explorar nuevas experiencias, es fácil olvidar que la
vida no consiste en la búsqueda de la felicidad. Sólo cuando
recordamos que la vida es una prueba, un fideicomiso y una
asignación temporal, es que el enamoramiento con estas cosas pierde
el dominio sobre nuestras vidas. Nos estamos preparando para algo
mejor. "Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible,
ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es
eterno" 2 Corintios 4:18.
El hecho de que la tierra no sea nuestra última morada explica por
qué nosotros, como seguidores de Jesús, pasamos dificultad,
sufrimiento y rechazo en este mundo. También se explica por qué
algunas de las promesas de Dios parecieran inconclusas, algunas
oraciones sin respuesta y algunos sucesos aparentan ser injustos.
Aquí no se acaba la historia.
Para evitar que nos aferremos demasiado a esta tierra, Dios permite
que experimentemos algún grado de incomodidad y tristeza en nuestras
vidas, o sea, anhelos que nunca serán satisfechos de este lado de la
eternidad. ¡No somos completamente felices aquí, porque no se
supone que lo seamos! La tierra no es nuestro hogar final; hemos
sido crecados para algo mucho mejor.
Un pez nunca podría sentirse bien viviendo en la tierra, porque fue
creado para el agua. Un águila no se sentiría realizada si no se le
permitiera volar. Nunca te sentirás completamente satisfecho en la
tierra porque fuiste creado para algo más. Tendrás momentos felices
aquí, pero nada comparado con lo que Dios tiene planeado para ti.
Darte cuenta de que la vida en la tierra es tan sólo una misión
temporal, debiera cambiar radicalmente tus valores. Los valores
eternos, no los temporales, deben ser los factores determinantes que
influyan en tus decisiones. Así es como lo observó C.S.
Lewis: "Todo lo que no sea eterno es eternamente inútil".
Es un error trágico dar por sentado que el objetivo de Dios para tu
vida es la prosperidad material o el éxito popular como el mundo lo
define. La vida abundante nada tiene que ver con la abundancia
material, y la fidelidad a Dios no garantiza el éxito en una carrera
ni en el ministerio. Nunca te concentres en coronas temporales.
Pablo fue fiel, y sin embargo, terminó en la cárcel. Juan el
Bautista fue fiel y lo decapitaron. Millones de fieles han sido
martirizados, lo han perdido todo o han llegado al ocaso de sus días
sin nada material. ¡Pero el fin de la vida no es el final!
A los ojos de Dios, los grandes héroes de la fe no son los que han
logrado prosperidad, éxito y poder en esta vida, sino aquellos que
la ven como una asignación temporal y sirven fielmente, esperando su
recompensa en la eternidad. La Biblia dice lo siguiente del Salón
de la Fama de Dios: "Todas esas personas murieron sin haber
recibido las cosas que Dios había prometido; pero como tenían fe,
las vieron de lejos, y las saludaron reconociéndose a sí mismos como
extranjeros de paso por este mundo... Pero ellos deseaban una patria
mejor, es decir, la patria celestial. Por eso, Dios no se
avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les tiene preparada
una ciudad" Hebreos 11:13, 16. Tu vida en la tierra no es toda la
historia de tu existencia. Debes esperar llegar al cielo para el
resto de los capítulos. Se requiere fe para vivir en la tierra como
un extranjero.
Un antiguo relato cuenta de un misionero que al jubilarse volvía a
su casa en los Estados Unidos en el mismo barco en que viajaba el
presidente de esa nación. La algarabía de la muchedumbre, una banda
militar, una alfombra roja, pancartas y los medios de comunicación,
le dieron la bienvenida al presidente, mientras que el misionero
desembarcaba sin notoriedad alguna. Sintiendo lástima de sí mismo,
y con resentimiento, comenzó a quejarse con Dios. Entonces el Señor
le dijo con ternura: "Pero hijo mío, tú aún no has llegado a casa".
No llegarás a casa, hasta dos segundos antes que solloces: "¿Por
qué le di tanta importancia a las cosas que eran temporales? ¿En qué
estaba pensando? ¿Por qué perdí tanto tiempo, esfuerzo e interés en
algo que no iba a durar?".
Cuando la vida se pone difícil, cuando te embarga la duda o cuando
te cuestionas si vale la pena sacrificarse viviendo para Cristo,
recuerda que aún no has llegado a casa. En la muerte no dejarás tu
hogar, más bien irás a casa.
Feliz año Nuevo 2008, deseando para todos y sus familias un cumulo de abundantes y ricas bendiciones, de salud, paz, prosperidad y bienestar.
 LA NOCHE DE LAS NOCHES
Cuando suenen las 12 campanadas, deja que tu corazón se envuelva en una alegría inmensa, dulce ... tierna.
Nos ha nacido un Salvador, no permitas jamás, que algo te lastime o te duela, recuerda que hay alguien, con el pañuelo en la mano dispuesto a consolarte y aliviarte y a darte su amor.
Nos ha nacido un Salvador, piensa a cuantos les gustaría que tú, le regalaras una sonrisa. Piensa cuantos esperarían que tú les estrecharas las manos con ternura.
Cuantos esperarían una palabra de cariño de tus labios pues quizás estén más solos que tu. Si tienes familia, estréchalos contra tu corazón, apriétalos fuerte.
Perdónalo todo, dale paz a tu corazón y disfruta del instante... la vida es tan corta, no hay tiempo que perder.
Regálales tu amor y agradece a Dios por tenerlos esta noche junto a ti.
Pues nos ha nacido un Salvador.
Cuando el insomnio te haga dar vueltas desesperadamente en la cama, recuerda que hay alguien que puede sembrar sueños de paz en tu alma.
Cuando tu cruz te pese recuerda que alguien ya la llevó por ti. Cuando te sientas humillado y burlado, recuerda alguien ya lo sufrió por ti.
Levanta tu cabeza mira hacia el cielo, mira la belleza de ese manto de estrellas y siente la ternura de ese Dios que se hizo Niño para habitar en tu corazón, para que vuelvas a nacer en esta Noche, con una mirada distinta... llena de ternura... con un corazón distinto, lleno de amor, con el alma llena de regocijo y cubierta de esplendor pues esta noche ...
Esta noche... nos ha nacido un Salvador.
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