 Balmoral grita su último hurra
Copas. El mítico bar, punto de encuentro de 'animales nocturnos', vivió el viernes la juerga definitiva; en ella se mezcló toda su fauna, de ordinario separada por los turnos horarios
DAVID GISTAU
En esa barra en la que tantos habituales algo pasados de tragos les fueron retiradas las llaves del coche para que volvieran a casa en taxi, alguien propuso para Balmoral una solución inspirada en el ejemplo de los castillos europeos que eran comprados por un millonario americano y trasladados piedra a piedra.
Consistía en mudar el bar íntegro para encajarlo en cualquier otro hueco de su hábitat natural, el barrio de Salamanca. Y lograr así que los clientes que durante décadas llegaron guiados por el piloto automático de la costumbre a lo que era una prolongación de su salón tan sólo tuvieran que hacer algunas correcciones en la carta de navegación. No fue posible. Pronto supimos que Balmoral no sólo desaparecía. Sino que incluso iba a ser desguazado para vender en subasta, como si fueran las madalenas de un tiempo perdido, cada uno de sus ornamentos. El salmón disecado. Los sillones orejeros junto a la chimenea. El cuadro del escocés al que sus antepasados le envidian el whisky desde el más allá.Las testuces.
El impacto de bala en una pared. Y quién sabe si hasta algún parroquiano pertinaz, ya confundido con el mobiliario, que prefiriera ser incluido en el lote antes que buscarse otro bar, igual que el pianista de Novecento se negó a sobrevivir a su barco y fue extinguido con él. El escritor Pedro Bravo y este cronista, habituales ambos por resignación, coincidieron en opinar que lo que querrían llevarse para tenerlo en el salón de casa es al barman Manolo Herrero vestido con su chaquetilla de dos botones. No tanto para que siguiera mezclando esas pociones con las que nos educó el paladar y nos hizo sentir importantes cuando le presentábamos a alguna chica, y él le besaba la mano y luego, en privado, diagnosticaba si ella nos convenía. Sino más bien para seguir disponiendo, con sólo aparecer por ahí, con lo más parecido a un confesor al que hemos acudido para que nos espante las dudas, las inquietudes, las culpas. Y todo ello sin imponer más penitencia que un sorbo bravo de tequila añejo con el que podíamos ir en paz.
El pasado viernes, sin música como siempre, Balmoral gritó su último hurra. Era raro ver mezcladas en la despedida a todas sus faunas, de ordinario separadas por los turnos horarios como si hubieran tenido pactado compartir un mismo territorio a condición de no encontrarse nunca. La aristocracia del mediodía y la tarde, con su aspecto de salir a cazar con sombrero de pluma tirolés.Tan frecuentes y familiares que, cuando no les encontraban en el número de casa, les llamaban al teléfono de Balmoral. Y los de la hora golfa. Periodistas conspirando o cebando la carga de un adjetivo para dispararlo en el folio del día siguiente.Escritores, fotógrafos, pintores y músicos que en algún tiempo llenaron de Harleys la acera y que descubrieron Balmoral cuando eran héroes de un solo día, como cantaba Bowie, durante la Movida.
Y que ahora, antes del último exceso, hablaban de lo último que les prohibió el médico. Había amigos de toda la vida que sólo se abrazaban cuando se encontraban en Balmoral: éstos sabían que, una vez corrido el cerrojo, no volverían a verse jamás.
El pasado viernes, con mucho humo como siempre, Manolo estaba a nuestro lado de la barra, vestido de paisano:
«Yo, con el traje de barman y en la barra, soy como Manolete.Os llevo a todos al natural. Pero así estoy perdido, no sé ni quién soy». Él y sus socios, Agustín Nieva y María Angeles Ruiz, se sentían custodios de una tradición, del último reducto de todo un modo de entender la vida que ahora les ha sido arrebatado por los barandas de la especulación, los que agarran un legado cultural y lo meten en la máquina de picar carne. A Manolo, que no es hombre de quedarse en casa sosteniendo el ovillo, le tenemos convocado para que cuanto antes nos abra otro bar hecho a partir de una costilla de Balmoral. Así, no sólo nos devolverá a un amigo al que llevarle, algún día, a los hijos como antes le llevamos a las chicas. Es que además sólo así puede evitarse que, en los próximos meses, la inercia lleve hasta la calle de Hermosilla a unas cuantas almas penitentes, desorientadas, que buscarán a su barman en las sombras de ese puto garaje que va a ser excavado donde antes estuvo Balmoral. Como dijo Jorge Berlanga:
«Qué rápido han pasado estos 50 años. Y eso que nunca hubo camareras».
Fuente:
http://www.elmundo.es/papel/2006/03/20/madrid/1944876.html
 "Tuve muchos nombres
Me vieron con otra cara
Pero siempre fui yo
Marcando una línea clara".
ESPERANDO BALMORAL
stinus e igor en buenos aires.
gracias por seguir pasando....
 Unas palabras para recordar
de San Jeronimo al Turo Park
aprendimos a trapichear
por los jardines de la facultad
sensaciones para volar
unas cervezas en Marienbad
a media tarde una pension
once y media en la estacion.
A veces te imagino,
te creo ver ahora que tu cuerpo ya,
ya no es el de ayer
las calles me hablaron,
y hablaron de que:
"La heroina te arrastro con el"
y en el parque de Cervantes
sin perder un solo instante
cada uno en su papel
¡y la vida!...
Y la vida a flor de piel.
Y tu de mi que quieres saber
un dia aqui, el otro esta por ver
olvidando en algun rincon
recuerdos en forma de cancion
juro no guardar ningun rencor
a los dias que pasamos juntos los dos
nunca nadie hablo de amor.
En el parque de Cervantes
ya nada es como antes,
cada uno en su papel...
en el parque de Cervantes
sin perder un solo instante
cada uno en su papel
¡y la vida!...
Y la vida a flor de piel.
Ya nada es como antes,
en el parque de Cervantes.
que bueno que la gente siga firmando foto de buenos aires... Saludos!
 El barrio del Clot es el núcleo urbano más antiguo del distrito de Sant Martí que el año 1897 fue anexionado a la ciudad de Barcelona.
El nombre del Clot deriva de la palabra "fons" y hace referencia a tierras de cultivo probablemente situadas en tierras de regadío, que explican el carácter rural que tenia esta zona hasta principios del siglo XIX.
El Clot ya existía en la época medieval, y entonces era una partida rural conocida por "Clotum de Melis" (el Clot de la Mel en nuestros días) porque en su territorio se instalaron panales de abejas de los que se obtenía miel de gran calidad.
La Sèquia Comtal era un antiguo canal que sirvió primero para regar y abastecer de agua la ciudad y después para la actividad industrial.
Las primeras fábricas que se instalaron en el Clot fueron las harineras, seguidas por las industrias textiles, las fábricas de ladrillos, de cerámica, las de productos químicos y muchas otras.
A medida que el Clot, junto con el Camp de l'Arpa se fueron definiendo urbanísticamente a lo largo de los siglos XIX y XX, se fue definiendo como un barrio obrero con un fuerte componente anarquista, anticlerical y catalanista.
El año 1909, durante los hechos de la Setmana Tràgica, será uno de los lugares donde la revolución actúa con más fuerza, y durante la Guerra Civil, los barrios de Sant Martí se muestran claramente de izquierdas, y sufren alteraciones importantes ya que muchas de las fábricas instaladas fueron destinadas a la fabricación de armamento.
Uno de los elementos que han contribuido a dibujar la imagen de este territorio ha sido el paso del tren. En 1854 comenzó a circular dirección a Francia y en 1861 la de Zaragoza. Las vías del tren fueron eliminadas o soterradas pero sustituidas por la vía rápida de la Meridiana, lo que provocó una división del territorio.
Se produjo un crecimiento especulativo alrededor de la Meridiana, y el barrio se fue seccionando por las sucesivas actuaciones urbanísticas en la calle Aragón y la Gran Vía.
EL plan comarcal de 1953 preveía la ampliación de Barcelona hacia el Besós, en el sentido planificado por Ildefons Cerdà que imaginó la Plaça de les Glòries como el nuevo centro natural de Barcelona del siglo XXI, idea que quedó en papel mojado por la especulación inmobiliaria en los años centrales del franquismo.
El año 1975 se fundó la asociación de Vecinos del Clot-Camp de l'Arpa, que se ha hecho eco de las reivindicaciones para mejorar el barrio. Edificios industriales que han ido perdiendo su uso y se han convertido en equipamientos para el barrio como los terrenos de Fibracolor, Can Robacols, La Farinera, Can Miralletes, etc.
 Otra del recital en niceto.... Increible verlo sonreir tanto... ahora bien, me gustaria conseguir la lista de tema... veremos que se peude hacer!....
eso si todos nos quedamos con ganas de Quiero un Camion!!!
Por lo que lei, no pudo hacer el show en uruguay por la tormenta, pero creo que prometio volver el año que viene, quien dice!
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