 - Tienes miedo
- Sí
Estaban en un bar tranquilo, con vistas al ruido concentrado? entre la estación de autobuses a la Realidad; la estación del Norte, estación de trenes a Nunca Jamás; y el Arco de Ladrillo como pasarela a lo más recóndito del pensamiento espontáneo?
Sí, esas cosas que viajan de punta a punta de tu cuerpo y se personan en tu cabeza en momento poco adecuados, sin explicación alguna o? quién sabe, quizá con la explicación más obvia de todas.
- ¿Guardas recuerdos, muchos recuerdos?
- Muchísimos. Y colecciono fotogramas. Y tortugas.
Se cubrió con su pañuelo, el grande, para dejar de tener frío.
Pasaba a menudo, era como un malentendido entre su interior ?en permanente ebullición? y su piel, fría y blanca imitando una fachada de piedra? trampantojo tapando las obras.
Sólo era eso, un pequeño malentendido, pero no podía regular continuamente su termostato a base de horchatas y sake ardiendo? no podía automedicarse. Ni abusar de fármacos recetados que de seguir así dejarían de hacer efecto algún día?
- ¿Autocontrol o absoluto descontrol?
- ¡Ja! Ser o no ser, esa es la cuestión.
Cuestión de peso, razón de plomo?
- ¿Ves eso que llevo atado a al pie derecho? Es un yunque.
- Para forjar?
- Sí, también. Pero pesa? pesa demasiado. Es un yunque. Para forjar? y para pesar, para frenar, retrasar? Y a veces lo miro, miro hacia atrás y me siento encima? en vez de seguir caminando, haciendo camino al andar como diría Serrat? me siento encima y pienso. Y otras veces pienso en dejar la mente en blanco y formatear mis pupilas. Pero no? nonono.
Luego te levantas, y una vez más? un pie detrás de otro? como aprendiendo a caminar otra vez. Y ya van tres? maldita enfermedad?
La camarera pasó por su mesa y se llevó el vaso de horchata, sin canela. Todavía quedaba un poco, muy poco, pero quedaba y era suya?
Vio el vaso apoyado en la barra, esperando a que alguien lo lavara, y cuando estaba a punto de levantarse para rebañar, de apurar su horchata hasta la última gota ella volvió de limpiar las mesas y se lo llevó. Hizo un lavado de estómago a su vaso y lo limpió del tirón.
- Ya no hay más pequeña, o te das prisa o te lo quitan?
Quedaban en la mesa una taza de té, un cenicero limpio y las Páginas Blancas para ahogarse entre tanto número. Cogió la taza. Sacó la cuchara. La playa. Miró la taza. Quedaban posos? y otra vez se quedó fría por fuera. Miró la taza estando ya tapada otra vez, otra de tantas?
- Mira, ¿ves eso, en el fondo del vaso?
- Claro ¿qué pasa?
- Acuérdate dentro de unos años, recuérdalo. Y recuérdame. Fíjate bien. Dentro de un tiempo?
- El tiempo pasa y no de largo. Es una taza de té, y tú ves lo que quieres ver. Coge el abrigo anda. Te voy a llevar a la Estación del Norte de ese país, ya sabes... la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer? Mira, los trenes pasan por debajo del arco de los pensamientos escondidos.
- Vale. Gracias. ¡No no! Ya he pagado tranquila.
- ¿Pero cuando? cuando te has?? Bueno da igual, vamos loca. Hay un tren que sale en 4 minutos? en 4 minutos...
?Y ella es Yurena, la Flor de la Canela?
Tengo la mano en vilo, elalmalaaire y el corazón en un puño. Y el puño pequeño cerrado con fuerza bombeándome impulsos a la mente y palabras a la boca que se quedan entre mis muelas y mis incisivos, a punto de coger la costilla, hendir los dientes, rasgar, cortar, abrir? meterte las palabras que tanto cuesta decir? a la fuerza.
Y por la fuerza bruta, mi puño pequeño cerrado con las venas empujando a la piel para salir fuera? a la altura de tu mandíbula, dónde duele? Inspira. Y teniendo el corazón en la mano? quedaría de golpe tan cerca de tu boca que podrías comértelo sin piedad.
Instintivamente caníbal? devuélveme el ventrículo que acabas de morder, que me estoy descubriendo sin pudor y si sigues mordiendo no podré recular.
No he dicho nada, ¿tú has oído algo?
Vale, sí, lo he dicho?. Lo sé? lo he dicho, pero es que tienen vida propia y mis palabras no querían volver conmigo a casa sin salir a dar un paseo por otras enajenadas mentes.
Te lo dije? dicen que en el punto medio está la virtud, que entre el blanco y el negro está el gris y el gris está cosido con mi forma a los bordes de mis pies para caminar conmigo de vuelta a casa. ?Los colores de una sombra?
La virtud es el punto medio entre dos vicios opuestos.
El vicio del exceso
Y el vicio del defecto
Así que me la he guardado en el ombligo, mi punto medio, a salvo de mi misma.
Tira de ella, busca, encuentra? virtud... y sujeta mi puño con cuidado? si sigo apretando al comandante lo voy a exprimir como a un limón y... nos falta sal y tequila.
Abre la mano? con cuidado? y extiéndela hacia arriba
En el punto medio hay? un punto?
medio y negro.
 Tengo los pies chiquitos, me sostienen, me llevan, llevan un mapa... Pero incluso con mapa a veces nos perdemos o perdemos el norte, perdemos los motivos que nos llevaban por un camino o los cubre la niebla que cae de madrugada. Y la niebla? malo? se te mete en los bolsillos y pesa como si fueran cubos y cubos de agua con los que achicar el agua de la bañera que naufraga, de la ballena blanca marcada por los arpones de la insostenibilidad.
Soy la némesis, la de la pequeña hormiga de insignificante apariencia que puede levantar ocho veces su propio peso o cuatro gotas del vaso de agua que resulta ser mi pecera particular, con zona ajardinada y todo ventanal al mar?
Tengo los pies pequeños, pero entre los dedos me quedé con cuatro huecos para llevarme ahí la ilusión, la fortaleza, cuarenta y siete kilos de felicidad y el antídoto contra la lágrima fácil, que realmente de fácil no tiene nada, pero hay que saber dónde buscar. Tengo esos cuatro huecos porque nadie te toca los pies cuando te quita algo y el bolsillo del pantalón era un lugar poco seguro. Así que tengo mis cuatro huecos? y la común manía de estar siempre descalza. He ahí mi problema, se me quedan los pies fríos y cuando me he querido dar cuenta mis huecos estaban vacíos y mi recetario perdido? y ya me lo dijeron? no vayas descalza que te vas a coger algo? no estés descalza que el suelo está muy frio? no andes descalza que vas a perder tus ingredientes?
Y ahora no sé donde están. Sólo encontré migas sueltas a los pies de mi cama y algunas gotas saladas junto a las llaves de casa?
A veces nos perdemos o perdemos el norte, igual me da que me da lo mismo, se trata de experimentalismo, de azoteas que sucumben a la era de los microprocesadores quirúrgicos y de mares cuyas olas te llevan hasta la orilla como a una ballena varada o te azotan incesantemente llenándote de espuma los oídos, hasta no poder más, hasta saltar al vacío con un farolillo rojo y quedar atrapado en el aire gelatinoso o hasta bucear tanto evitando las sacudidas que los tímpanos estallen de la presión.
No hay oxígeno en la bombona, GAME OVER? cierra los ojos y espera en vela al despertador no seas maleducada que siempre te duermes antes de que llegue a casa por la mañana? START AGAIN?
Se escapan por la boca las palabras que hieren y los contraataques que reaniman, la geodesia de la intrincada mente en forma del humo que me estrecha aún más los bronquios, las anomalías que se erigen en cada paso de cebra para cortarme el paso. Ya lo dicen? en boca cerrada no entran moscas? y tampoco súcubos en busca del resquicio de cordura que quedaba para comérselo mañana en una ensalada de endivias y rúcula con sal.
Y más sal y sal y sal y? para por favorrr!! Ya basta! Mi mar es cada vez más salado y ya no puedo sumergirme, no quiero flotar durante tiempo y tiempo a la deriva como un reloj de cuco sin cuerda? como un reloj? perdido en el tiempo?
Deja el salero, que en exceso causa hipertensión, coge la cuerda, agarra un extremo, tírame el otro? y ahora con cuidado? vete tirando hacia ti, várame en la orilla de mis instintos que desde aquí no los oigo? várame en la orilla y sécame los pies, que tengo que recuperar algunos ingredientes.
 Ven conmigo? voy a contarte algo al oído, así? cerquita para que no se escapen las palabras, para que hagan eco en tu cabeza y martilleen al yunque y al corazón. Mírame a los ojos un momento. Yo soy lo que ves a esa distancia, soy lo que ves? tú? que sabes mirar por dentro.
Te quedaste con la copla, con mi razón, conmigo.
Mírame a los ojos. Soy como el mar al que vas todas las noches a mojarte los pies, agua salada donde llega el agua dulce de los ríos de las memorias y otras mentes. Agua? que quita la sed y da la vida, agua? que ahoga y se filtra por los castillos de arena levantados con las manos? Oh inmortal Poseidón? dios del mar? líbrame de la ensordecedora ceguera en las simas más profundas? donde se amontonan los olvidos de quienes no guerrearon contra su razón y los que no supieron que hacer con sus impulsos? perdidos?
Mis manos? tengo los dedos torcidos de tanto aferrarme a los sueños. Y seguirán torciéndose porque seguiré invirtiendo a largo plazo y buscando los colores a mi sombra, colores desteñidos que volverán a su sitio.
Ven aquí? voy a pedirte algo al oído? no pierdas nunca el color verde, es lo último que se pierde. Aquello sonaba incluso pueril, pero no lo era? nunca lo fue. No lo pierdas? por lo que más quieras, jamás?
De madrugada, a las 3:40 de la mañana se dio cuenta de algo? ? no por mucho madrugar amanece más temprano ? Y no sabía si trataba de madrugar o simplemente atendía al comandante.
Soy lo que estás viendo pequeña, lo que te dije al oído aquel día? podemos construir los castillos en el aire y sostenerlos mucho tiempo, o hacerlos en la orilla un día tras otro. El verde? es lo último que se pierde.
Y sostienes sin saberlo? entre tus finas manos mis momentos más amargos para cauterizarlos, mi vaso, para que el nivel de agua no llegue al punto en que no se pueda rebajar? Rocío? ven conmigo, voy a contarte algo al oído
 Es esa sensación otra vez? es? intermitente. Lo que no entiendo es cómo es posible que se me quite así, cómo es posible que ese sea el remedio a mi mal, al tormento de la gota helada que cae incesantemente sobre el mismo punto de tu cabeza mientras maniatada no puedes ni siquiera levantarte de la silla. La gota. O un billón de ellas.
El mismo martillo que despedazaba cada manzana, reventaba cada cristal y hacía que los añicos se sostuvieran en la negrura compensándose entre ellos para no caer al suelo, ese? ese era.
Mientras? observo las respuestas, mis propias respuestas sin pregunta sentada en la espiral de un álbum de fotos, observo desde dentro, desde el mismo Daily Buggle, desde la mente del profesor Xavier? esperando al menos que alguna brille más que Orión. Y lo hace, eso creo ver. Parpadea al ritmo de la respiración, de los latidos, con cada golpe de efecto capaz de engañar a los sentidos sin sensibilidad y al menos común de mis sentidos.
Las rarezas genéticamente marcadas a fuego en las yemas de mis dedos te tocan? creo que buscan algo? alguna mirada fuera de la rutina que equilibre el universo, que ponga derecho mi vaso de agua para que el señor Wilson no se salga por arriba. Estoy haciendo un desagüe con las ganas de mis rarezas para que la sal no se concentre, para que el agua que lleva mis palabras no se precipite y llueva encima de ti.
Voy a ingerir horchata que compense la balanza, que su blanco se quede en mis ojos y el colirio sea sólo un adorno en la papelera de los lamentos? y la maza de fondo? como un péndulo colgando en la planta de reciclaje del cortex.
Ralentizando mi proceso me dispongo a despertar en una realidad esquizoide absolutamente dominada por cualquier entidad ajena a mi persona. Ese parece ser el requisito. Y no me importa hasta que? durante un rato cada madrugada cambio de opinión, y entonces? entonces sí que importa, entonces es cuando la espiral del álbum de fotos se estrecha tanto que me siento encarcelada entre enclenques barrotes circulares inamovibles, entre años de una vida retratada que llaman a la puerta de mi garganta para salir corriendo y gritando por la boca en medio de una batalla campal en mi azotea? como escoceses en busca de su libertad, luchando por preservar su dignidad.
Y qué decir de la felicidad, aquella a la que fácilmente podríamos llamar Meta, aunque a veces parezca más meta flotante? flotante y vacilona, de esas metas que espasmódicamente se alejan cuando estás a unos metros de ellas, de esas que son espejismos en el desierto de los calores y los sofocos.
Metas flotantes? y volvemos a lo mismo? al mar? al madero flotante, resto de un naufragio que te rescata del ahogamiento pero por mucho que te mantenga en la superficie no cobra vida para redireccionarte, para guiarte a tu playa de arena blanca y arena negra con tu tabla y tu palmera.
Hacer de tripas corazón entre el bullicio, caminar erguida, caminar entre la masa sin que nadie te tire al suelo, hacer de tripas corazón en tus momentos? subirme a la azotea y escupir al vértigo.
?Me estoy comiendo todo el optimismo del plato roto, y me da igual que esté en el suelo o se haya quedado frío, es mi optimismo? lo puedo comer con las manos, puedo gratinarlo, echarle sal y pimienta y pringar de aceite con azúcar la mitad? tengo hambre y comeré.
Y no es que tenga mucha fe o la deje de tener es que? es esa sensación otra vez? y me hago caso, que me conozco bien, casi gota a gota? casi soy... el billón de gotas que forman una sola...
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