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Elendin.
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Vengo de un pueblo yermo, árido como roca; de moradas mostazas con centurias de vejez, ¡tanto que sus muros ocres no resisten y caen!: hablamos de un sitio compacto e inhabitable, en donde en un tiempo las dinastías âpas apenas pudieron tomar las arenas saladas, y elevarlas para cubrirse de la herrumbre y el calor, de un Gran Sol.

Los campos de la Tierra de Otoño eran fructíferos; durante el invierno las cascadas helaban, formando puentes y cavernas de cristal: y ellos les pusieron nombres. El trigo y la cebada eran suaves, haciendo al pan horneado más blanco, más esponjoso con sabor a pasta de nube crocante.

Admirábamos a los Cosmonautas; los grandes Padres, de la Tierra de Otoño: hombres mercaderes, piratas y lobos marinos, que izaron velas para embarcarse, por comida la mayoría de las veces, sobre la faz de dios: y muchos no volvían, servían de ofrenda al gran Señor mar: cuya inmensidad se reverencia aún hoy, para ganarse el favor de la vida.
En clanes ellos navegaron hacia más allá de dios océano; en búsqueda de aquel paraíso perdido, un mundo –que hoy todos recitamos en nuestros cánticos- real: el Aghartü, donde la tierra es seca, ilimitada y no flota sobre el aire salado. Y el mar encolerizó, de furia; y el mar castigó a sus hijos los hombres de arena y sal. Resquebrajó nuestra morada gigante, la volvió un islote enano -mis ojos vomitan vértigo ante el acantilado, a cada flanco de este sitio.- Y hundió sus naves, sumergiéndolo al hombre para siempre.
Nuestro futuro robado II
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Actualmente pueden encontrarse en el mercado unas 100.000 sustancias químicas sintéticas. Cada año se introducen 1.000 nuevas sustancias, la mayoría sin una verificación y revisión adecuadas. En el mejor de los casos, las instalaciones de verificación existentes en el mundo pueden someter a prueba únicamente a 500 sustancias al año. En realidad, sólo una pequeña parte de esta cifra es sometida realmente a prueba. Ya se han identificado 51 productos químicos que alteran el sistema hormonal, pero se desconocen los posibles efectos hormonales de la gran mayoría. Uno de los aspectos más inquietantes de los disruptores endocrinos es que algunos de sus efectos se producen con dosis muy bajas.

Las normas actuales que regulan la comercialización de productos químicos sintéticos se han desarrollado sobre la base del riesgo de cáncer y de graves taras de nacimiento y calculan estos riesgos a un varón adulto de unos 70 kilogramos de peso. No toman en consideración la vulnerabilidad especial de los niños antes del nacimiento y en las primeras etapas de vida, y los efectos en el sistema hormonal. Las normas oficiales y los métodos de prueba de la toxicidad evalúan actualmente cada sustancia química por sí misma. En el mundo real, encontramos complejas mezclas de sustancias químicas. Nunca hay una sola. Los estudios científicos muestran con claridad que las sustancias químicas pueden interactuar o pueden actuar juntas para producir un efecto superior al que producirían individualmente (sinergia). Las leyes actuales ignoran estos efectos aditivos o interactivos.

Los fabricantes utilizan las leyes sobre secretos comerciales para negar al público el acceso a la información sobre la composición de sus productos. En tanto los fabricantes no coloquen unas etiquetas completas en sus productos, los consumidores no tendrán la información que necesitan para protegerse de productos hormonalmente activos. En algunos casos, las sustancias químicas pueden descomponerse en sustancias que plantean un peligro mayor que la sustancia química original.

La industria química trata de desacreditar las conclusiones del libro "Nuestro futuro robado", al igual que hasta hace poco hizo con los CFCs, o como las campañas de la industria del tabaco negando la relación entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón. La Chemical Manufacturers Association, entidad que agrupa a las mayores multinacionales de la industria química, el Chlorine Chemistry Council, el American Plastics Council, la Society of the Plastics Industry y la American Crop Protection Association (los grandes fabricantes de plaguicidas), han recolectado grandes cantidades de dinero entre sus asociados para lanzar una campaña contra el libro Nuestro futuro robado. Cuando en 1962 se publicó el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa (Silent Spring), la revista de la Chemical Manufacturers Association tituló la reseña del libro "Silence, Miss Carson". La industria del cloro, agrupada en el Chlorine Council, que agrupa a empresas como DuPont, Dow, Oxychem y Vulcan, gasta anualmente en Estados Unidos 150 millones de dólares (más de 20 mil millones de pesetas) en campañas de imagen y de intoxicación informativa. En España la empresa encargada por los fabricantes de PVC de intoxicar a la opinión pública es la Burson-Marsteller.

Treinta y cinco años después la misma industria que casi acaba con el ozono, que ocasionó el accidente de Bhopal y que fabrica miles de sustancias tóxicas, se mantiene cómplice en el silencio. Las empresas Burson-Marsteller, Edelman y Hill & Knowlton, dedicadas al lavado de imagen de la industria del tabaco, de dictadores, del PVC y de empresas contaminantes, muchas de ellas del sector químico, realizan campañas de intoxicación contra los científicos, periodistas y las organizaciones no gubernamentales, tratando de impedir, o al menos reducir, los efectos de libros como "Nuestro futuro robado" y decenas de estudios científicos, informes y artículos sobre los efectos de las sustancias químicas que actúan como disruptores endocrinos.

El mercado mundial de plaguicidas representó unos 2 millones de toneladas en 1999, e incluía 1.600 sustancias químicas. El consumo mundial continúa creciendo. Los plaguicidas son una clase especial de sustancias químicas por cuanto son biológicamente activas por diseño y se dispersan intencionadamente en el entorno. Hoy en día se usan en Estados Unidos 30 veces más plaguicidas sintéticos que en 1945. En este mismo periodo, el poder biocida por kilogramo de las sustancias químicas se ha multiplicado por 10. El 35 por ciento de los alimentos consumidos tienen residuos de plaguicidas detectables. Los métodos de análisis, sin embargo, sólo detectan un tercio de los más de 600 plaguicidas en uso. La contaminación de los alimentos por plaguicidas es a menudo muy superior en los países en desarrollo.
Nuestro futuro robado I
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Numerosas sustancias químicas, como las dioxinas, PCBs, plaguicidas, ftalatos, alquilfenoles y el bisfenol-A, amenazan nuestra fecundidad, inteligencia y supervivencia. En 1962 el libro de Rachel Carson Primavera silenciosa dio el primer aviso de que ciertos productos químicos artificiales se habían difundido por todo el planeta, contaminando prácticamente a todos los seres vivos hasta en las tierras vírgenes más remotas. Aquel libro, que marcó un hito, presentó pruebas del impacto que dichas sustancias sintéticas tenían sobre las aves y demás fauna silvestre. Pero hasta ahora no se habían advertido las plenas consecuencias de esta insidiosa invasión, que está trastornando el desarrollo sexual y la reproducción, no sólo de numerosas poblaciones animales, sino también de los seres humanos. Nuestro futuro robado, escrito por Theo Colborn, Dianne Dumanoski y Pete Myers, reunió por primera vez las alarmantes evidencias obtenidas en estudios de campo, experimentos de laboratorio y estadísticas humanas, para plantear en términos científicos, pero accesibles para todos, el caso de este nuevo peligro. Comienza allí donde terminaba Primavera silenciosa , revelando las causas primeras de los síntomas que tanto alarmaron a Carson. Basándose en décadas de investigación, los autores presentan un impresionante informe que sigue la pista de defectos congénitos, anomalías sexuales y fallos de reproducción en poblaciones silvestres, hasta su origen: sustancias químicas que suplantan a las hormonas naturales, trastornando los procesos normales de reproducción y desarrollo. Los autores de Nuestro futuro robado repasan la investigación científica que relaciona estos problemas con los "disrruptores endocrinos", estafadores químicos que dificultan la reproducción de los adultos y amenazan con graves peligros a sus descendientes en fase de desarrollo. Explican cómo estos contaminantes han llegado a convertirse en parte integrante de nuestra economía industrial, difundiéndose con asombrosa facilidad por toda la biosfera, desde el ecuador a los polos. Y estudian lo que podemos y debemos hacer para combatir este omnipresente peligro. Nuestro futuro robado, como señala Al Gore, ex-vicepresidente de EE.UU. y autor del prólogo, es un libro de importancia trascendental, que nos obliga a plantearnos nuevas preguntas acerca de las sustancias químicas sintéticas que hemos esparcido por toda la Tierra. Disrruptores endocrinos Un gran número de sustancias químicas artificiales que se han vertido al medio ambiente, así como algunas naturales, tienen potencial para perturbar el sistema endocrino de los animales, incluidos los seres humanos. Entre ellas se encuentran las sustancias persistentes, bioacumulativas y organohalógenas que incluyen algunos plaguicidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y las sustancias químicas industriales, otros productos sintéticos y algunos metales pesados. Muchas poblaciones animales han sido afectadas ya por estas sustancias. Entre las repercusiones figuran la disfunción tiroidea en aves y peces; la disminución de la fertilidad en aves, peces, crustáceos y mamíferos; la disminución del éxito de la incubación en aves, peces y tortugas; graves deformidades de nacimiento en aves, peces y tortugas; anormalidades metabólicas en aves, peces y mamíferos; anormalidades de comportamiento en aves; demasculinización y feminización de peces, aves y mamíferos machos; defeminización y masculinización de peces y aves hembras; y peligro para los sistemas inmunitarios en aves y mamíferos. Los disrruptores endocrinos interfieren en el funcionamiento del sistema hormonal mediante alguno de estos tres mecanismos: suplantando a las hormonas naturales, bloqueando su acción o aumentando o disminuyendo sus niveles. Las sustancias químicas disruptoras endocrinas no son venenos clásicos ni carcinógenos típicos. Se atienen a reglas diferentes. Algunas sustancias químicas hormonalmente activas apenas parecen plantear riesgos de cáncer. En los niveles que se encuentran normalmente en el entorno, las sustancias químicas disruptoras hormonales no matan células ni atacan el ADN. Su objetivo son las hormonas, los mensajeros químicos que se mueven constantemente dentro de la red de comunicaciones del cuerpo. Las sustancias químicas sintéticas hormonalmente activas son delincuentes de la autopista de la información biológica que sabotean comunicaciones vitales.

Atracan a los mensajeros o los suplantan. Cambian de lugar las señales. Revuelven los mensajes. Siembran desinformación. Causan toda clase de estragos. Dado que los mensajes hormonales organizan muchos aspectos decisivos del desarrollo, desde la diferenciación sexual hasta la organización del cerebro, las sustancias químicas disruptoras hormonales representan un especial peligro antes del nacimiento y en las primeras etapas de la vida. Los disrruptores endocrinos pueden poner en peligro la supervivencia de especies enteras (...)

continúa
El Hechicero Blanco III
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Es un hecho: aceptar que todo puede aparecer y desaparecer, cambiar así porque sí espontáneamente, fundamentándose en la nada, y aceptar que las cosas no necesariamente deben tener una causa matemáticamente humana, u objetiva, que se adecue al principio Parmenídeo de no-contradicción; daría como resultado un mundo totalmente Heraclíteo y holográfico, en el cual es imposible fijar un conocimiento permanente; ¡sus mecanismos quedarían deshechos!. Pero el mundo es así; ondulante e impermanente, y sus falacias realmente comienzan a fallar. El subjetivismo mágico, los mitos fantásticos y la inspiración artística tuvieron un porqué en el alba de la civilización: variantes político-económicas rompieron el equilibrio, y hoy el tecnicismo está a punto de hacernos caer como raza.

La diánoia (el entendimiento) y la nóesis (la inteligencia) responden, en la realidad, a choques mucho más frontales, a menudo desesperados, de clímax y puntos límites; en los que la persona se ve realmente obligada a avanzar, por necesidad y primacía; con tal de no perder enteramente y para siempre un orden apenas “pobre y pasable” ya conseguido; con el sudor de manos rugosas, vueltas arena. Ese aspecto de la Ciencia, en el que el cerebro se vuelve enteramente -para su única opción- una Tabula Rasa, un calyx que ahuma lleno con la más detallada experiencia; tal contacto con la Naturaleza no será nunca entendido por nuestros inversionistas ingenieros; empresarios industriales, administradores y capitalistas.

Volviendo al detalle; ya en Grecia este potencial comenzaba a ser apreciado por verdaderos científicos como Galeano, cuya obra se pensaba era la culminación de la que había empezado 600 años antes Hipócrates y la escuela de penumatología (discípulos de Erasístrato), quienes enseñaron el principio del pneuma zotikon o spiritus uitali: un espíritu vital contenido en la respiración, que proporciona la vida y el movimiento a todas las cosas. Los pneumatólogos, con otros vitalistas, desarrollaron escuelas para la práctica médica en torno a este concepto, enseñando los rudimentos de lo que hoy en día encontramos en nuestra Arte Mágica.

Los conceptos hindúes de prana y pranayama son tan similares a algunas de las ideas básicas de la magia occidental que muchos grandes magos de la historia han estudiado las disciplinas y prácticas hindúes y budistas. Autores como Aleister Crowley incluyeron una gran cantidad de técnicas de yoga en sus escritos mágicos.

Pranayama es el arte y ciencia de utilizar la meditación, la relajación e introspección, la respiración y otros ejercicios para controlar voluntariamente y dirigir esta energía vital que se manifiesta como Motor y tejido del cosmos entero. Hemos visto que el primer paso, según los yoghis, es controlar el movimiento de los pulmones. Lo que necesitamos hacer es sentir los movimientos más sutiles que se mueven en el cuerpo -dice Swami Vivekananda-. Nuestras mentes se han exteriorizado y han perdido de vista los sutiles movimientos interiores. Si podemos empezar a sentirlos, podremos empezar a controlarlos.

A esto, surge entonces el Qi Gong por mano de los taoístas; método para utilizar la respiración. Este vasto sistema de técnicas y aplicaciones constituye allá, en lo lejano de las épocas antiguas orientales, parte central de la religión, las artes marciales y la medicina China; durante más de 3000 años. Para los primeros filósofos chinos –véase la relación nuevamente, con nuestra sabiduría y cosmogonía mágica; constituida disciplinariamente por dos polos -, el universo estaba dividido en dos elementos opuestos y complementarios; el yin y el yang. Estas polaridades se comprenden mejor cuando las expresamos en parejas; como en el caso del siguiente ejemplo:


YIN / YANG
Frío / Caliente
Oscuridad / Luz
Negativo / Positivo
Femenino / Masculino
Anima / Animus
Luna / Sol
Tierra / Cielo
Relajación / Actividad
Idea o Sustancia / Movimiento o Energía
Receptivo / Creativo
Sensorialidad / Pensamiento
Copa / Espada o Vara
Útero / Phalo

Los caracteres originales chinos que expresan yin y yang significan simplemente “el lado sombreado de una colina” y “el lado soleado de una colina”, respectivamente. Y como la coherencia lo sugiere, apunta a la noción de que la luz del conocimiento, el disco dorado del sol siempre está ahí -y lo abarca todo; sin límites-, siendo solamente nuestras posturas, las elecciones y posiciones que tomamos en la vida, lo que sombrean al fin y al cabo aquello que somos: los ángulos en los que cada espectro solar se repliega sobre nosotros, reflejan las mareas de tiniebla a las que nosotros mismos pintamos contorno. “Mientras más cerca estés de la luz, más grande será tu sombra”, dice un viejo proverbio. Esas sombras; extensiones de nuestro cuerpo... creaciones de él, no son algo ajeno a nosotros o a nuestras elecciones: sino parte de la pintura de su forma.

continua...
N.
El Hechicero Blanco II
agua_lunaazul

Su semejante mästerskap, no proviene del mero racionalismo: motor funcional de la explosión estatal moderna, y del rendimiento factorial. El mago no vincula optimidad de Conocimiento con rentabilidad mecánica, lucrativa, etc. Sino que sus estudios surgen ante un ´eidoV [esquema] de más alta matemática: εξπΙσζημη; el Epistéme [ciencia primera que se refiere al más alto saber en sí; el sopho].
La doctrina mágica, el entrenamiento del Jaguar, equipara sabiduría y virtud: estando la primera, dada por el principio del Enthusiast –inspiración Superhumana-; que se divide en dos géneros: intuición y razón, anima y animus diría Jung. El ideal de sapiencia mágica se asemeja a una daga por su dureza, brillo de acero y sus afilados bordes. Estos son los atributos del intelecto que el mago debe desarrollar: la fuerza del acero, la brillantez del metal pulido, el borde afilado del discernimiento.
Esto sólo puede hacerse forjando la puerta entre los dos mundos, o principios reseñados con anterioridad (polos magnéticos del Sopho). La Magia es el Syzygy o la conexión, e integración de los polos gemelos y opuestos, presentes en toda la naturaleza. En la Magia, este es el principio de los dos pilares externos del Árbol de la Vida.

Para el catolicismo, es el Niño Cristo; en la mitología celta es el espíritu salvaje del señor con astas, Cernunnos, o Pan el gran mago.
El Wotan germánico, u Odín, crucificado nueve días en el fresno del mundo, Yggdrasil; colgando en sacrificio hasta alcanzar la sabiduría definitiva.

O la serpiente Nyarlatothep de Sumer, el caos sibilante; mensajera de los dioses. O Hermes el tres veces grande, padre de la filosofía occidental; o Quetzalcóatl, la serpiente emplumada.

En la antigua China, los taoístas desarrollaron el Qi Gong como método para utilizar la respiración, y caminar la vía del Budô; el arte del llamado Chi Kung, en la India se desarrolló –hasta un nivel muy, muy elevado- con el nombre de pranayama. Esto está íntimamente relacionado con la idea de la disciplina Mágica, y el labramiento del puente-arcoiris Bifröst entre los dos mundos: pero para mostrar su matemática entera, o la vinculación con la cultura oriental, debo antes ilustrar la ecuación de a partes.

Pranayama es el enfoque, y el manejo del prana, una de las dos unidades básicas del universo. En el pensamiento hindú, akasha es la sustancia del universo y prana es la energía que hay detrás, un motor propulsor vinculante y móvil sin el cuál todo estaría estático. El Prana está en el aire atmosférico, pero también está en todas partes y penetra donde el aire no puede llegar... El autor hebreo del libro Génesis conocía la solidez y vigor de este misterioso principio contenido en las masas cronotópicas del Espacio y el Tiempo. Habla del neshement ruach chayim, que traducido significa el aliento del espíritu de la vida.
Mientras la respiración era estudiada científicamente en Oriente, los occidentales recién comenzaban a apreciarla con sus filósofos griegos, cabalistas, luego los primeros cristianos, los musulmanes, y demás. El potencial de la Respiración fue cultivado en la antigua Grecia, en Persia, Egipto; también por los hebreos, caldeos, celtas e incluso en Mesoamérica por aztecas y mayas, hace milenios, países y gentes mucho menormente provistas –que nosotros- de condiciones de sobrevivencia y longevidad. Pero algo que a menudo se olvida en el bombardeo del siglo XXI, es que precisamente por estas ínfimas condiciones de vida, dependían -y heredaban- en sobremanera un crudo empirismo, un contacto con la observación más detallista de nuestra naturaleza material: la experiencia y el pragmatismo más directo; esto es sensato. Era el caso de los Physis Jónicos, como ejemplo, que dedicaron su vida entera a los estudios y la contemplación material. Una ciencia extremadamente utilitaria, sin maquinarias administradoras de por medio, ni computadoras ni monopolios del conocimiento, Juicios académicos o estándares populares. En sus conciencias no existía el método positivista de la mecánica (que reemplazó a la ciencia) contemporánea; no apuntaban a lo empresarial, a lo formal, ni se horrorizaban ante la noción de lo caótico: la probabilidad de lo azaroso e incierto.

(continuará)
N.
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