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demo_pulchrarum

Chihuahua. 2229 horas
demo_pulchrarum

Julián Mercader es un hombre sumido en los abismos de una sola pasión: el deseo por su hija Violeta. Buscando sublimar sus obsesiones y evitar una catástrofe, Julián crea una serie de muñecas púberes, llamadas Violetas. Al presentarlas en una feria internacional, las Violetas empiezan a encarnar las fantasías de numerosos clientes que las encargan sobre pedido y con características que muchos llamarían, por decir lo menos, extravagantes. El éxito convierte a Julián en el blanco de una sociedad secreta que busca satisfacer toda forma de perversidad.

Esta novela hace que el lector nade en las tinieblas de sus propios deseos clandestinos.























*¿Qué aprendimos hoy, Demo?: Tus ideas y reflexiones, a la pared por favor

*Hoy comí: Chilaquiles

*Tarareando: Jumbo - Después
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Chihuahua 0956 horas
demo_pulchrarum
Hasta atrasísimo me puse anoche.
Lo único que medio recuerdo es que me pusieron a trapear. Pff.
De ahí, sólo sé que una personita me metió al cuarto y me dejó en la cama.
Salud por ella.

Malditos blackouts,
malditos te quiero un putero que me recontra malviajan por estarlos gritando en la cabeza y nomás a Umbra le resuenan los oídos.

Y de sus luces, ps creo que ya se le cayeron.
Ando bien crudo, no me hagan caso.

A mí me hacen caso sólo cuando hago falta.

















*¿Qué aprendimos hoy, Demo?: No dejes que te vean vomitando

*Hoy comí: No he comido

*Tarareando: Metallica - Die, die my darling
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2308 horas
demo_pulchrarum
Algunas de las mejores cosas que caen a la tierra son pequeñas a la percepción del ojo.
Una taza de café, Las palabras te amo, las muñecas que adoramos, los libros de bolsillo, un poema, una canción de tres minutos, una apenas caricia.

Habemos muchas personas que nos perdemos en cuerpos minúsculos.
Yo soy una de esas gentes
que ha encontrado lo sublime
en una ironía de las proporciones universales.

No me dejes escapar, maniquí alada.
No dejes que se escurran mis ojos de tus ojos,
y tus labios de los mios.

.kiss
































*¿Qué aprendimos hoy, Demo?: La lámpara de mi carro se apaga sola después de tener una hora prendida

*Hoy comí: Quesadilla

*Tarareando: Alice in Chains - Would
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Chihuahua. 1444 horas
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[Título]


Se supo en mi pueblo de una mujer cuyo atractivo era insuperable. Aquella dama de vida tranquila y paseos por cafés aleatorios sonreía selectivamente a los muchachos más extraordinarios que veía en sus rondas nocturnas. De nombre nunca la traté bien, todos la llamaban Dyna.
No era como el dinosaurio; ningún dinosaurio en la historia de su historia evolutiva concebía la particularidad de esta mujer cuyo mito era una balanza entre lo insólito y lo adictivo; mito que cuanto menos creíble fuera, más llamativo se volvía. Se decía entre el pueblo que el cuerpo de aquella mujer incineraba de inmediato al cuerpo de la pareja sexual en el instante del orgasmo.

Ahora, es por todos sabido que el coito produce diversas sensaciones muy vinculadas al calor y al fuego, pero la calcinación de una persona por el alcance del clímax sexual captura la curiosidad de cualquier persona (sobre todo aquí donde lo que menos faltan son gatos incrédulos).

En mis años como cronista jamás consideré ni por un segundo unirme a esos fallecidos novios y citas de ella. No por el rumor en sí, que de entrada me parecía pretexto irrelevante para no tener sexo, sino por el respeto de no acostarme con la mujer que le dio muerte a Raúl Muro, amigo de infancia.

Raúl era un niño discreto. El mejor del equipo de baloncesto y dedicado a sus calificaciones sin dejar de asistir a una fiesta o dos.
Este amigo, que varias veces me acompañó a Los Cafés, no carecía de buen porte y muchas chicas del pueblo estaban ansiosas por conocerlo mejor. Él no se ocupaba de eso -no es la hora- me decía.

Sucedió pues que una noche me lo encontré meditando a solas en Los Cafés. Cuando le pregunté si estaba bien, me dijo que había conocido finalmente a la mujer del fin de sus días.

La mujer del fin de sus días, era Dyna. Eso lo supe tiempo después que supe cómo murió Raúl. Pensar en la inocencia de Dyna se volvía difícil.

Mucho se hablaba de los poderes de Dyna. Cada noche, luego de hacer el amor, la chica se levantaba de la cama y retiraba las cenizas de los complacidos hombres que se flameaban justo en su entrepierna. Dyna tenía que procurarse las quemaduras en sus muslos cada vez menos discretas. Si Dyna disfrutaba quemar a cuanto hombre la desnudara nunca me quedó claro. Lo que es un hecho es que uno tras otro, la viuda negra sacudía el hollín de sus cobertores y compraba más cremas.

Nunca nadie se dedicó de lleno a estudiar el caso de Dyna y su sexo tragafuegos. Ella decía que era involuntario, algo así como una reacción química invariable. Muchos creímos eso, Dyna no era una mujer malvada, o al menos no una de las que guardarían gasolina y cerillos bajo de la cama. Al menos a mí no me dio esa impresión cuando fue a buscarme en Los Cafés para tratar de explicarme la muerte de Raúl.

Dyna se sentó ahí en mi mesa y me habló de los últimos minutos que pasó con él. Raúl se había comunicado con uno de sus amigos para hablarle de una chica que le había fascinado. Este buen amigo suyo se dedicó, sin que Raúl lo supiera, a localizársela; todos en el pueblo sabíamos que Raúl no iría tras nadie, él no era de ésos. Y Dyna, por razones obviadas, no tenía muchos amigos; lograr comunicarse con ella no fue fácil. Pero el amigo samaritano, bendito sea, consiguió la dirección de Dyna y fue hasta su departamento para hablar con ella en persona. Después de aquella visita, nunca se volvió a saber nada del muchacho.

La cita a ciegas entre Raúl y Dyna fue perfecta, al igual que los días que le siguieron. Luego de algunos meses de verse, ella confesó a Raúl su peculiar secreto. Quiero creer que se preocupó por la vida de Raúl antes de llevarlo a su cama-crematorio. El caso es que fue esa confesión la que metió a Raúl en aquellas solitarias noches de cafetería y en su inaudible balbuceo de la mujer del fin de sus días. Admito que me cautivó la elección de Raúl por aceptar acostarse con Dyna, considerando bien la consecuencia de ello.

En ese momento del relato, Dyna hizo una pausa; no por el pudor a decir tuvimos sexo, pues yo sabía de antemano que así había sido y no me resultaba para nada escandaloso. Fue por describir el fallecimiento de Raúl Muro.

Él, junto con toda su resignación, entro a la cama de Dyna y pasó ahí toda la noche. Transcurrían los minutos, las horas, y Raúl no se incendiaba. Sexaron una y otra vez y terminaban esperando el fuego, pero nada. Y Dyna, extrañada, buscando la respuesta de la insólita situación por la que pasaba, de no ver fuego en el hombre, perdió el aliento y toda capacidad de razón. La confusión en su cabeza fue tal, que Dyna, para encontrar alivio en su espanto, extrajo la daga del buró en su cama para matar a Raúl quien no se supone que debería seguir vivo. No estaba bien eso.

Dyna finalmente logró calmar su desesperación; se fumó un cigarro, y tiró el cuerpo a la basura.


-Demo P. Umbrae










Borrador de un cuento en el que estoy trabajando.
Dejen sus comentarios... o algo, no sé.
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